Alergia a la primavera (de los pueblos)
J. Ignacio Torreblanca
22 de Mayo, 2006
La última primavera de los pueblos de Europa , que comenzó en el verano de 1989 con el triunfo de Solidaridad en las elecciones en Polonia y se extendió como un reguero desde el Báltico a los Balcanes, ha dejado a la Unión Europea con síntomas típicamente alérgicos. Congestionada y embotada, la UE se resigna ante la profusión de Estados independientes en una Europa cuya libertad parece habérsele indigestado. Todo arranca de un precipitado reconocimiento de Croacia, que no sirvió para evitar la guerra, ni tampoco para implicar a la UE decisivamente en ella. El fracaso de diciembre de 1991 ha enviado su último bumerán independentista, que descansa hoy lunes plácidamente en la mesa de las cancillerías europeas. Muchos apartarán el amargo cáliz de la independencia montenegrina de la mesa europea, y probablemente arrastrarán a otros países candidatos en su caída (irónicamente Croacia podría ser uno de ellos, sin olvidar a Bulgaria y Rumania, cada día más en entredicho). El caso es que Montenegro votó ayer 22 de mayo a favor de la independencia. La decisión de los montenegrinos de independizarse de Serbia no puede resultar más comprensible y, a la vez, más inconveniente para la Unión Europea.
Cualquier montenegrino puede observar con optimismo el futuro: atrás queda la Serbia de las largas colas para dar el último adiós a Milosevic, la penuria económica derivada de una guerra criminal y la miseria moral de haber sido parte de una Serbia ciega de nacionalismo asesino. Por el contrario, con una economía abierta, una población educada y una Unión Europea que garantice el correcto funcionamiento de los mercados e instituciones políticas montenegrinas, el futuro sólo puede estar henchido de prosperidad. A coste cero, ¿quién no prefiere la independencia? En este caso, además, los beneficios superan claramente a los costes. En realidad, lo difícil es pensar por qué sólo un 55.4% votó a favor de la independencia: con 670.000 habitantes, el nuevo Estado será miembro de todas las instituciones internacionales y europeas, sin descartar la posible adhesión a la UE en un futuro no muy lejano si ésta consigue poner su casa en orden. Además, casi con toda seguridad, la independencia permitirá endosar a Serbia las responsabilidades políticas y morales, individuales colectivas, respecto a la guerra de Yugoslavia.
Eslovenia marca un camino muy claro en la zona: con sus dos millones de habitantes, ha sido sigilosamente aceptada en la zona euro al lograr cumplir todos los requisitos para acceder a la unión monetaria; los montenegrinos hacen bien en adoptar el modelo. ¿Serán nacionalistas serbios los que votaron en contra o simplemente ateos ex-comunistas incapaces de entender el evidente milagro que se les avecina? Es difícil de decir. Lo importante es que el referéndum montenegrino genera externalidades negativas muy evidentes para la Unión Europea. Efectivamente, el referéndum de independencia, un acuerdo privado y libre entre los montenegrinos, tiene un coste muy elevado para la Unión Europea porque añade tensiones internas dentro de los Estados miembros, cuyos nacionalismos no van a considerar como mera anécdota la prueba de la existencia de una posibilidad de secesión pacífica en el marco europeo, pero también entre los Estados miembros, especialmente los más grandes, que contemplan horrorizados un futuro a 35 o más Estados en el que 6 Estados concentren más del 75% de la población y, sin embargo, se vean atados de pies y manos como Gulliver por los liliputienses. Con todo, Montenegro no tiene la culpa: cuando en 1989 la Comisión Europea decidió apoyar las reformas políticas y económicas en Europa Central y Oriental, escogió el nombre de PHARE (”faro”) para el programa de ayuda. Pero como todo estudiante de economía sabe, los faros son un ejemplo típico de bienes públicos: una vez instalados, es muy difícil excluir a nadie de su disfrute. La UE es hoy un bien público típico, todos quieren disfrutar de ella, pero nadie parece querer contribuir a sostenerla.
4 Comments »
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La principal culpable de esa independencia quizás, sin quererlo,sea la propia UE. Pincha el siguiente artículo: La independencia de Montenegro, un nuevo acto de hostilidad contra Serbia en: http://www.ideasydebate.com/?p=92
Una visión distinta y complementaria en el blog sobre Europa y el Mundo: http://www.ideasydebate.com
Comment by mab — May 22, 2006 @ 11:39 pm
El reconocimiento –que calificas de ‘precipitado’– de Croacia
difícilmente podía frenar la guerra, siquiera porque fue posterior a ésta.
Carlos Taibo
Comment by JMA — May 23, 2006 @ 9:30 am
Efectivamente, el Prof. Taibo tiene razón en cuanto a la secuencia temporal, y también en cuanto a las consecuencias, ya que la guerra estaba ya decantada de antemano y nada hubiera podido evitarla. Pero el argumento principal del comentario era que la UE no gestionó bien el reconocimiento de Croacia ni tampoco el conflicto posterior, por lo que ahora se ve obligada a asumir las consecuencias. En cualquier caso, la precisión era necesaria y oportuna, por lo que se agradece.
J. Ignacio Torreblanca
Comment by JMA — May 23, 2006 @ 9:31 am
Respecto al reconocimiento de Croacia creo que efectivamente fue precipitado, pero la cuestión es si Europa después de Masstricht, Niza y ahora la Constitución Europea esta preparada para afrontar una situación parecida (quizá Kosovo en breve) o bien repetirá la llamada al “amigo americano” para que solucione los problemas que los mismos europeos no son capaces de afrontar en su territorio.
Comment by Un surrealista — May 24, 2006 @ 3:23 pm