Algunas propuestas para una ciudadanía europea
Marie-José Garot
8 de junio, 2006
Recientemente, pregunte a mis alumnos con el fin de saber si conocían los derechos de los que son titulares como ciudadanos europeos. Naturalmente, como yo esperaba, ninguno los conocía. Sin embargo, como todos nosotros deberíamos saber, el concepto de ciudadanía europea ha sido reconocido por primera vez en el Tratado de Maastricht de 1992, en la segunda parte del TEC (art 17 TCE y siguientes) y ofrece a los nacionales de los Estados miembros toda una serie de derechos. Desde la libre circulación a una protección diplomática y consular, pasando por el reconocimiento del derecho al voto en las elecciones municipales y europeas cualquiera que sea su lugar de residencia. Aunque el art 17 hace referencia a estas, es difícil conocer las obligaciones que incumben a los ciudadanos europeos, como tales. Pero a pesar de la segunda parte del TCE, los ciudadanos europeos no se sienten ni más ciudadanos, ni más europeos.
Quizás, como la nota de J. Ignacio Torreblanca, podemos encontrar aquí una explicación al apagón que sufre la integración europea, sobre todo después de los noes francés y holandés a la Constitución europea. ¿Qué hace falta entonces para que la ciudadanía europea adquiera un sentido dentro del proceso de integración europeo? ¿ Hace falta como se pregunta Fidel Sendagorta que exista un demos europeo, condición previa indispensable a toda democracia? Es decir, ¿que existe una nación europea? La historia ha demostrado que Nación y Estado son dos conceptos disociables y que puede existir un Estado sin Nación. Ciertamente entonces, para tener un verdadera ciudadanía europea, falta que Europa se construya como una comunidad política europea.
Sabiendo que el ciudadano es a la vez titular de derechos y obligaciones, podría ser bueno, especialmente para reforzar esta idea de comunidad política europea, introducir la idea de “servicio a la causa europea”. Servicio que podría ser militar (pero no existe todavía un ejercito europeo y ni siquiera una política extranjera común) o simplemente “europeo” (como existe ya en algunos Estados miembros un servicio “nacional”). Esto contribuiría sin ninguna duda a reforzar el sentimiento de pertenencia a la Unión Europea (la historia de los Estados Unidos es ejemplar en este aspecto, cuando, especialmente en el siglo XIX, los residentes extranjeros gozaban de derecho al voto si se alistaban dentro del ejercito de la Unión) y por consecuencia lanzar las bases de un “patriotismo constitucional europeo”, conditio sine qua non para una verdadera ciudadanía europea.
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El sentimiento de ser un ciudadano europeo es principalmente eso, un sentimiento, concepto que es bellamente definido por el Diccionario de la Real Academia como “impresión y movimiento que causan en el alma las cosas espirituales”.
Pues bien, Europa carece en estos momentos de dos de esas “cosas espirituales” que han sido siempre factores decisivos a la hora de identificarse como integrante de una comunidad, nación o pueblo: un idioma común y un territorio común con límites definidos.
Europa no solamente no tiene uno o varios idiomas comunes, sino que con las sucesivas ampliaciones, ingresan nuevas lenguas, algunas muy minoritarias, cuyos hablantes defienden con firmeza, precisamente por ser un elemento de su propia identidad (nacional).
Y Europa carece también de unos límites territoriales precisos: no conocemos dónde estarían sus fronteras después de una última y definitiva ampliación. Los europeos no sabemos quiénes no son ni serán nunca Europa, ni cuál sería la razón para ello.
Son dos asuntos que convendría por tanto reorientar, unido a otros elementos que faciliten al ciudadano la generación de ese sentimiento patriótico europeo (¿selecciones deportivas europeas en ciertos deportes? Ya funciona bien en la Ryder Cup de golf…).
Comment by Fernando Gomá — November 19, 2006 @ 2:55 pm
Bonjour,
La construction européenne se fait sur un modèle nouveau, sans conquête, sans annexion mais par adhésion.
Elle ne peut se faire sur le modèle de l’Etat-nation unitaire.
Ne peut-ellee se faire sur le principe d’une adhésion à ces valeurs communes ?
Mais pour cela, il faudrait construire l’Europe ensemble. D’où l’intérêt de l’élaboration d’une constitution ou d’un traité constitutionnel par une assemblée ad hoc élue au suffrage universel et en suite adopté définitivement par référrendum et appliqué aux seuls pays l’ayant adopté. Les autres pourraient être associés en attendant une adhésion éventuelle.
Bien à vous
Paul
Comment by Paul ORIOL — February 27, 2007 @ 10:31 pm
Merci de votre commentaire. Une chose est sure : la citoyenneté européenne ne sera une réalité que si les citoyens ont vraiment l’impression d’être associés au devenir de leur communauté politique. Une autre chose est trouver le moyen de les y intéresser et de les y associer.
Comment by Marie-José Garot — February 28, 2007 @ 2:34 pm