Europa y la inmigración: ¿qué es primero: el dinero o la política?
J. Ignacio Torreblanca
22 de Septiembre, 2006
No les falta razón a quienes nos critican por pedir ayuda económica a nuestros socios en el tema de la inmigración. Según el Ministerio de Economía (nota de prensa de 19 septiembre 2006). “El Estado registró hasta agosto de 2006 un superávit de 10.578 millones de euros en términos de contabilidad nacional, lo que equivale al 1,10% del PIB, y supone un incremento del 37,9% frente a los 7.669 millones de euros obtenidos en el mismo periodo del año anterior, según los datos de ejecución presupuestaria que ha presentado hoy el secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos, Carlos Ocaña”. Estamos hablando de algo más de 1.7 billones de pesetas de superávit presupuestario en sólo seis meses. Esa cifra (10.578 millones de euros) es superior al presupuesto de interior o defensa de nuestro país y también a nuestra contribución al presupuesto de la Unión Europea (que en el año 2005 fue de 10.130 millones de euros). Pero no sólo tenemos un superávit de diez mil millones de euros, sino que una vez descontado lo que pagamos al presupuesto comunitario, recibimos el año pasado 5.600 millones de euros netos de ayudas con cargo al presupuesto comunitario, es decir: las ayudas europeas (que salen fundamentalemente de los bolsillos alemanes) acaban convirtiéndose en superávit presupuestario en España. España ha regularizado a 600.000 inmigrantes, y ha hecho bien, porque su economía lo necesitaba, pero lo hizo sin coordinarse con sus socios comunitarios y sin plantearse cómo encajar esa regularización en un discurso en pro de una política europea. España solucionó su problema a su manera, e hizo bien, pero la Unión Europea no está para ayudar a los Estados a encontrar soluciones nacionales a problemas nacionales. En consecuencia, España se equivoca al plantear la cuestión de la inmigración en términos económicos; irrita a sus socios y desenfoca la cuestión pues no son botellines de agua y mantas lo que necesitamos, sino una verdadera política europea de inmigración que incluya actuaciones diplomáticas conjuntas y coordinación legislativa entre los Estados miembros. España no puede presionar a Senegal, pero la Unión Europea sí puede ofrecer ayuda a cambio de repatriaciones. Si tuviéramos una política de inmigración común, sería más fácil que los Estados de orígen colaboraran con las repatriaciones de irregulares. A la vez, todo inmigrante irregular sabría que da igual si toca tierra en Lampedusa, Canarias o Finlandia, que las normas serían iguales. Por tanto, primero definamos la política, luego pidamos el dinero para ella; hacerlo al revés es contraproducente.
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La idea central me gusta, la inmigración no se debe plantear en la UE como problema económico. Pero no estoy de acuerdo en que en este caso “la Unión Europea no está para ayudar a los Estados a encontrar soluciones nacionales a problemas nacionales”, ya que en un espacio común sin fronteras la inmigración ilegal se convierte de inmediato en problema europeo. Otro punto que merecería debate es cuanta centralización de poder en torno a Bruselas es necesaria para gestionar con eficacia la inmigración. Y last but not least, que capacidad de hacer políticas de integración tienen los Estados miembros, con identidades más o menos débiles y dudas sobre cuáles son las raíces del European way of life…
Comment by JMA — September 23, 2006 @ 9:49 am
Completamente de acuerdo con JMA. Cuando digo que “la UE no está para dar soluciones nacionales a problemas nacionales” lo que hago es describir lo que algunos hacen (definir el problema y su solución con lentes nacionales, pero luego pedir dinero europeo), no afirmar que la inmigración NO sea un problema europeo. Como digo al final, necesitamos una política europea con dinero europeo para un problema europeo que requiere soluciones europeas.
Comment by Jose Ignacio Torreblanca — September 25, 2006 @ 9:10 pm