La crisis turca
José M. de Areilza
14 de Noviembre, 2006
El presidente Rodríguez Zapatero ha malgastado su escaso capital político internacional en la presentación del informe final de la Alianza de Civilizaciones, al que se le puede aplicar el comentario de Oscar Wilde sobre la obra de un escritor novel, “lo bueno no es original y lo original no es bueno”. Pero por fortuna, el dirigente español también ha procurado en su paso por Estambul estrechar los lazos bilaterales que unen a los dos países, en un momento muy delicado de las relaciones de Turquía con la Unión Europea. El presidente español ha ofrecido su apoyo a la candidatura turca, en contraste con la actitud prevalente en la Unión de 25 estados, en donde se escuchan cada vez voces más escépticas o abiertamente contrarias hacia este posible ingreso. La cuestión más importante no es estar a favor o en contra del ingreso de Turquía sino el razonamiento que se utilice para justificar una u otra posición. Hay demasiadas voces xenófobas en el campo del no y mucho euroescéptico nada ilustrado entre los del sí.
La Comisión Europea en su esperado informe del 8 de noviembre ha adoptado una postura inteligente: critica abiertamente la negativa turca a reconocer y permitir el comercio con Chipre, Estado miembro desde 2004, y amenaza con consecuencias en el Consejo Europeo de diciembre si no cambia esta actitud. También destaca la falta de reformas suficientes en materia de derechos humanos por parte turca, en especial en materia de libertad de expresión, y ofrece ayuda para conseguir acelerar este desarrollo democrático.
Este informe severo pero todavía constructivo de la Comisión no es completamente compartido por Francia, Austria o Grecia, que reclaman la suspensión parcial o incluso total de las negociaciones de adhesión. La coalición gobernante en Alemania asimismo empieza a ser muy crítica en público con las aspiraciones de Ankara. Lo más preocupante es que el gobierno de Erdogan se lo está poniendo fácil a este grupo de países, al negarse a respaldar con nuevos hechos su compromiso de llegar a formar parte de la UE.
El vaticinado choque de trenes no es inevitable, pero sí muy posible. En cualquier caso, es fundamental que la Unión no tome decisiones precipitadas sobre un asunto de este calado político y que sobre todo gestione la crisis turca respetando sus propias reglas del juego en lo referente a los procesos de ampliación.
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Querido José:
Me alegra que estemos enteramente de acuerdo en el análisis de la situación de Turquia y su futura entrada en la UE. Creo que has hecho una descripción concisa y brillante sobre lo que está empezando a ocurrir con la candidatura de Turquía.
No comparto contigo, como ya sabes,tu posición sobre la llamada “Alianza de Civilizaciones”. Pero ese es otro cantar.
Un abrazo,
María
Comment by María López-Contreras González — November 15, 2006 @ 12:57 pm
Querido José:
Fantástica la cita de Oscar Wilde… no tengo palabras…
En relación con la ‘alianza de civilizaciones’ y sus ‘recomendaciones’… la “creación de proyectos conjuntos para la producción de películas“, tiene que haber sido extremadamente bien recibida en el sector audiovisual español…
Al margen de lo pueril e incosistente de esta y otras recomendaciones contenidas en el texto… mi primer pensamiento es que estas coproduciones –de llegarse algún día a realizar–, naturalmente serán subvencionadas… y viniendo estos fondos de Europa podrán por supuesto combinarse con los que tradicionalmente se vienen recibiendo del erario público español.
Con independencia de que esta iniciativa de la alianza ya no tiene siquiera la entidad de un brindis al sol… no hay como tratar por todos los medios de tener a la clientela contenta.
Abrazos, TFS
Comment by Tomás F. Serna — November 15, 2006 @ 1:18 pm
Es cierto que existía un compromiso moral desde Yalta, pero pienso que el error está en la propia ampliación. Ahora que todo está politizado, creo que es bueno no olvidar que la Unión Europea no es Europa, sino acabaremos convirtiendo la Unión en una especie de “club de los negocios raros” en el que los hechos son más importantes que la realidad de las cosas. La única forma de que no haya “choque de trenes” es enfrentarse, de frente, a la realidad.
Comment by Jaime — November 15, 2006 @ 1:38 pm
Estimado Jaime. Afirmás que la unica forma de que no haya “un choque de trenes” es enfrentarse, de frente, a la realidad. Y a mi me gustaría que me dijeses ¿Cual es para ti esa realidad de la que hablas?
Un abrazo,
María
Comment by María López-Contreras González — December 14, 2006 @ 9:40 pm
Si nos pusieramos filosóficos podría responder diciendo que no es una realidad “para mí” sino la realidad. Pero quedándonos en la perspectiva política, me refiero a que la democracia exige un demos, entendiendo demos como una amplia mayoría de personas que comparten una misma concepción de la realidad (de las personas) Mayoría que en Europa ha costado unos cuantos siglos cultivar. No se hasta que punto es posible acelerar la historia y cosechar ese tipo de demos con gobiernos como el de Kemal Ataturk. La democracia exige confianza en el pueblo puesto que supone aceptar que estos tienen la última palabra en cuestiones políticas. No se pueden prometer imposibles, creo que en su día se cometió un error, pero creo que en política hay pocos errores son insubsanables. En cualquier paso la cuestión de la integración de sociedades con creencias religiosas tan dispares pasará primero por solucionar ese problema en Europa.
Comment by Jaime — December 18, 2006 @ 2:50 pm