Yihad in Our Neighbourhood
Fidel Sendagorta
16 de abril de 2007
A series of suicide bombings in Algeria and Morocco in the last few days have sounded the alarms all around Europe and especially in its southern flank. Since the Algerian GSPC (Group salafiste pour la prédication et le combat) had announced its affiliation with Al-Qaeda last December -changing its name to Al-Qaeda in the Islamic Maghreb- analysts have been wandering about the real scope of this transformation. Now we know that this rebranding meant much more than a pure propaganda stint and that we face a serious security challenge in the form of a multinational organization which provides training, explosives and a new doctrine which emphasizes global rather than purely national aims.
Although terrorist groups had been active in Algeria for more than a decade now, the last attacks in Algiers show certain innovations which carry the Al-Qaeda signature: synchronized explosions and the use of suicide bombers. Similarly, the use by the Moroccan terrorists of emergency explosive belts meant to prevent their arrest alive show a degree of sophistication that can be only explained by the import of foreign know how.
These trends will affect European security interests in many different ways. To begin with, Algeria is one of the biggest exporters of gas to a number of European countries and a continuation of terror attacks could seriously discourage foreign investments in the energy industry. More worrying, the activities of the new terrorist group could eventually spill to European territory through the radical networks operating in immigrants communities from North African origin. After all, around twenty percent of foreign fighters joining the insurgency in Iraq come from Maghreb countries. After an American withdrawal, this pool of recruits could be redirected to other destinations, included Europe. In any case, the extension of yihad in our southern neighbours could also have consequences on the will of local governments to carry on with political reforms . Could this common threat bring at least a much awaited for rapprochement between them?
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Estimado Fidel:
Intente comentar tu “post” en su día pero Internet no me dejó, daba siempre error a mi respuesta. Lo hago ahora, aunque sea con retraso y con la esperanza de que esta vez llegué a su destino y no se pierda en el cyberespacio.
Unos días antes de la publicación de tu comentario, el diario EL PAIS había hecho en su blog una pregunta similar sobre los violentos atentados en Marruecos y Argelia a los que tu te refieres: “¿Que piensa de la violenta reaparición de Al Quaeda en Marruecos y Argelia”.”
Te adjunto mi contestación, el 12 de Abril, a aquella pregunta que, entiendo, se adapta bien a tu comentario:
Desgraciadamente, no me sorprende. Y, además, creo que esto no ha hecho más que empezar. Europa volverá a ser objetivo de esta violencia atroz. No veo, sin embargo, que ante esta cuestión -que posiblemente sea el principal problema que tenemos hoy en día en el mundo (salvando la pobreza, fruto de una enorme desigualdad que no sólo se mantiene sino que se incrementa debido a la indiferencia de los paises “ricos” en los que tenemos el privilegio de haber nacido; pobreza y desigualdad que tiene mucho que ver con este nuevo terrorismo; más que la religión, en mi criterio)- se esté adoptando por los Gobiernos occidentales ninguna iniciativa “constructiva” que permita acabar con este “horror” que parece, según todos los informes estar en sus “inicios” (y ello, a pesar de Casablanca, el 11-S, el 11-M, Londres, etc). La lucha defensiva (coordinación policial y de los medios de seguridad del Estado, prevención, etc) frente a este gravísimo conflicto es necesaria, y es cierto que podrá conseguir parar algunos atentados; pero no terminará con el origén del mismo y, por tanto, con el terror.
Entiendo que sólo con el dialogo, el entendimiento y el respeto entre los pueblos, las culturas y las religiones se puede conseguir la paz. El 50 aniversario de la Comunidad Europea, tras dos guerras mundiales -que estamos celebrando estos días- confirma este hecho. Y, por eso, como europea, creo que es, particularmente, a la Unión Europea a quien, corresponde tomar las riendas para iniciar ese proceso de paz entre todas las naciones a nivel mundial. Empezando por Israel y Palestina. Es cierto que, para ello, debemos, primero, dejar de “pegarnos” entre nosotros -a nivel europeo, entre los países y a nivel nacional, entre los partidos políticos- por asuntos y cuestiones que, comparadas con este problema, no tienen la más mínima trascendencia. ¿No aprenderemos nunca?
Se que no es mucho -solo un gesto- pero podríamos empezar por dejar de llamar a este nuevo terrorismo (en la prensa, en la radio, en las tertulias, en Internet …) “terrorismo islámico” -hay muchas personas de religión islámica que no sólo nada tienen que ver con esta banda de asesinos, sino que están tan en contra de ellos y lo sufren tanto como los que no profesamos esa religión-. Del mismo modo que un día terrible todos juntos, en honor de Miguel Angel Blanco” gritamos en las calles de toda España: “Vascos sí, ETA no”, tendríamos que hablar del terrorismo de Al Quaeda; no son “terroristas islámicos”. Las palabras que elegimos son un instrumento mucho más poderoso de lo que creemos: pueden “tender” o “romper” puentes entre unos y otros pueblos, entre unas y otras religiones. Tengamos cuidado con ellas.
Me gustaría, además, que esos hombres y mujeres (muchos adolescentes, incluso niños) terroristas que están dispuestos a “inmolarse” por la “causa” se preguntasen porqué sus “jefes, empezando por Bin Laden, no hacen lo mismo. Creo que con la respuesta descubrirían que ellos no son “martires, como les hacen creer, sino “marionetas” sin ningun valor para esos jefes que, cada vez, se hacen más ricos y viven mejor con esta “era del terror” que han iniciado.
Un abrazo,
María López-Contreras
Comment by Maria López-Contreras — May 16, 2007 @ 7:38 pm