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Alivio europeo

J. Ignacio Torreblanca

25 de junio, 2007

El acuerdo logrado en la madrugada del 23 de junio por los líderes europeos es, ante todo, un éxito personal de la Canciller alemana, Angela Merkel. La Canciller ha logrado lo que parecía imposible: que los veintisiete acuerden un texto y, además, que éste preserve prácticamente el cien por cien de la “sustancia” de la malograda Constitución Europea. Con el acuerdo se cierra el largo periodo de bloqueo iniciado en mayo y junio de 2005 con el doble “no” en los referendos celebrados en Francia y los Países Bajos y la posterior negativa de siete Estados miembros a continuar con los procedimientos ratificatorios. Para España, y para todos aquellos que querían y creían en la Constitución Europea, se trata sin duda de una magnífica noticia, especialmente si se compara el resultado con el Tratado de Niza en vigor, inevitable punto de referencia. Así, el acuerdo no sólo ha salvado todo el bloque referido a la política exterior sino todo el capítulo dedicado a la cooperación policial y judicial, reforzándose, además, políticas comunes tan importantes como la energía o la lucha contra el cambio climático. Con el acuerdo del sábado en la mano, la Unión será más eficaz y más democrática, y tendrá una mayor capacidad de dar respuesta a las demandas de los ciudadanos.

Junto con Merkel, hay que destacar el papel de Sarkozy: frente a un Chirac inoperante desde que le estallara en las manos el referéndum de 2005, el Presidente francés ha confirmado que todo dependía del cambio de gobierno en su país. Pero además, Sarkozy ha registrado, en un muy breve tiempo, una evolución muy positiva (en la que España ha tenido bastante ver): primero amenazó con un directorio de grandes países; luego planteó un “mini-Tratado” muy problemático para los intereses de España; posteriormente se movió hacia un “Tratado simplificado” y, por último, terminó firmando un plan conjunto con España que mostraba una coincidencia absoluta de intereses. Así, queda en evidencia que, frente al desacreditado y oportunista dúo Chirac-Schröder, el tándem Sarkozy-Merkel va a imprimir un ritmo muy fuerte al proceso de integración.

Como siempre ocurre en estos casos, lo mejor del acuerdo es, en primer lugar, su mera existencia. Un fracaso, que la intransigencia polaca a punto ha estado de provocar, hubiera tenido un coste político elevadísimo para todos: habría dado lugar a una escalada mayor en la ya de por sí gravísima retórica nacionalista escuchada estos días y, de forma inmediata, habría desatado presiones muy intensas a favor de una ruptura de la Unión en dos bloques o círculos. El Gobierno polaco puede pensar que ha obtenido un gran éxito negociador. Sin embargo, es difícil compartir este análisis ya que no ha conseguido alterar un ápice el sistema de doble mayoría sino sólo retrasar su aplicación. Ahora tendrá que explicar a su opinión pública por qué lo que era una capitulación humillante por la que merecía la pena morir en 2009 no lo es tanto si se aplica en 2013. Lo que es cierto es que si no rebaja los gruesos trazos de su discurso, el Gobierno polaco va tener muy difícil encontrar aliados con los que votar bajo cualquier sistema de cálculo que se emplee.

Así pues, Europa vuelve a funcionar, pero a su manera, claro está, alcanzado de madrugada acuerdos que pocos o casi nadie entienden. El acuerdo ha requerido mutilar el actual texto constitucional de todo aquello que fuera importante desde el punto de vista simbólico, como el propio término “Constitución” o los símbolos de la Unión, haciendo complicados malabarismos jurídicos para que el texto pueda decir a la vez una cosa y su contraria en aspectos cruciales. Para cualquier persona medianamente sensata, esconder la perplejidad ante la hipocresía de los Gobiernos que han apadrinado esta operación es bastante difícil de evitar. Afortunadamente, el español no está en ese grupo, por lo que no tendrá que explicar a sus ciudadanos qué se gana en cercanía al ciudadano y legitimidad democrática haciendo dos Tratados en lugar de uno, llamando directivas a las leyes, altos representantes a los ministros, o eliminando la Carta de Derechos Fundamentales o la primacía del derecho comunitario del texto principal para a continuación reintroducirlos en una nota a pie de página.

Toda esta inmensa operación cosmética llevada a cabo tras dos años de bloqueo se justifica, en última instancia, por la petición expresa de algunos gobiernos, entre ellos el británico y el holandés, de lograr un texto tan técnico que permitiera evitar un referéndum. Inaudito. Sin embargo, que nuestros jefes de Estado y de Gobierno son capaces de llegar a acuerdos ya lo sabíamos; lo que no se les da tan bien a muchos de ellos es convencer a sus opiniones públicas de la bondad de dichos acuerdos. Por tanto, aunque hay razones para estar satisfecho con el acuerdo alcanzado, conviene recordar que, vista la experiencia, no hay motivos para celebrar nada hasta que el último Estado no haya ratificado el texto. Conviene no pasar por alto además que, como de costumbre, los líderes europeos han vuelto a olvidar pactar un “Plan B” para el caso de que algún Estado no ratifique.

(publicado en “Las Provincias” y “La Verdad”, 25 de junio, 2007)

Comments (1) 1:26 pm |

1 Comment »

  1. El nuevo pacto élites-cidadanos:
    Dicen las élites: Renunciamos a la simbología del Estado (Constitución, bandera, himno, denominación de Ministro de Asuntos Exteriores…) para tranquilizaros sobre vuestras queridas naciones. A cambio dejamos de pretender que la UE quiere ser comprensible para los ciudadanos y nos olvidamos del déficit democrático. Eso si, se acabaron los dichosos referendos.

    Responden los ciudadanos: continuará…

    Comment by Fidel Sendagorta — July 6, 2007 @ 12:34 pm

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