¿Población es poder? Si, pero….
Fidel Sendagorta
12 de julio, 2007
En vísperas del pasado Consejo Europeo el Primer Ministro de Polonia, Jaroslaw Kaczynski, provocó un considerable alboroto en Bruselas al sacar a relucir los muertos polacos en la segunda guerra mundial como argumento en contra del nuevo sistema de votación basado en la población, que beneficia sobre todo a Alemania como país mas poblado de la UE. “Si Polonia no hubiera tenido que pasar por los años 1939-45, tendría ahora la demografía de un país de 66 millones de habitantes”, afirmó Kaczynski. El argumento no fue endosado por el Consejo Europeo pero en reconocimiento al “problema polaco” se aceptó un retraso en la entrada en funcionamiento del nuevo sistema de voto, que no estará plenamente asentado hasta el 2017. El tiempo por si solo no solucionará el problema polaco pero en diez años pueden pasar muchas cosas. Por ejemplo, que a Polonia le suceda como a España, que se ha convertido en un país de inmigración y en una década ha sumado cinco millones de habitantes cuando parecía destinada a perder población por sus declinantes tasas de natalidad. Sin duda este cambio demográfico habrá influido no poco en las percepciones de los negociadores españoles a la hora de valorar las posibilidades que se abren con un sistema de voto basado en la población.
Ahora bien, sería ingenuo pensar que la influencia de un país en Europa depende principalmente de su poder de voto en el Consejo. Y al peso demográfico de los países le pasa lo mismo que al peso de las personas: que a igual cantidad no es lo mismo el músculo que la grasa. Un crecimiento demográfico sano puede basarse exclusivamente en la natalidad o combinar tasas suficientes de ésta con flujos de inmigración. Pero si la población sólo crece por el aporte migratorio el país en cuestión tiene un problema. De hecho tiene varios problemas: mantener la cohesión social es el mas evidente, pero el envejecimiento de la población pone en riesgo el Estado de bienestar a largo plazo. Y lo hace porque la relación entre el número de trabajadores y el de jubilados tiende a disminuir hasta que la carga fiscal se hace insoportable para los primeros. El único remedio conocido para este mal es el aumento de la natalidad. En efecto, los inmigrantes que llegan se convierten en cotizantes a la Seguridad Social, pero el día de mañana serán también pensionistas, neutralizando así su efecto positivo inicial sobre el sistema.
Siguiendo este criterio hay tres países en la UE con una demografía relativamente sana, basada en tasas de natalidad suficientes: Francia, Irlanda y Dinamarca. Si continúan las actuales tendencias hacia mediados de siglo Francia será, con 70 millones de habitantes, el país mas poblado de la UE. Para entonces, Alemania en cambio habrá perdido el equivalente de la población de la antigua RDA. El número de nacimientos se convierte así en uno de los factores más determinantes de los cambios de fortuna entre nuestros países en las próximas décadas.
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