Una salida en falso del laberinto europeo
José M. de Areilza
20 de Octubre, 2007
El acuerdo al que han llegado los mandatarios europeos en Lisboa para reformar el actual Tratado de la UE y dejar atrás la fallida Constitución europea pone fin a seis años de introspección europea, aunque no de paralisis. En este tiempo la UE no ha dejado de crecer en número de Estados, ambiciones y tareas. Pero la mayor parte de las energias políticas en Bruselas se han dedicado durante un largo lustro primero a pactar una Constitución y después a idear sin mucha imaginación cómo salir del embrollo que supusieron los noes francés y holandés. La cumbre de Lisboa cree haber encontrado la salida del laberinto. El Tratado pactado contiene buena parte de la Constitución fallida, despojada de su nombre y de los símbolos y el lenguaje constitucional. De este modo, al igual que la Carta Magna rechazada, se impulsa la cooperación judicial y policial, la política exterior y contiene algunas novedades institucionales –un presidente permanente del Consejo Europeo, un Ministro (sin este nombre) de Asuntos Exteriores y una futura distribucion de votos en el Consejo que favorecerá a los cuatro grandes. Será un texto mucho menos legible que la Constitución y que el actual Tratado de Niza, al estar repleto de nuevas excepciones, exclusiones y condiciones en el desarrollo de las políticas europeas y al haberse redactado en ocasiones de modo oscuro para evitar reacciones en contra. Esta formula de rescate es una apresurada vuelta al método tradicional de reformas sucesivas de los tratados, con pequeños avances y sin grandes debates públicos. Un retorno al elitismo original de la integración europea, una vez que supuestamente habría descarrilado la democratizacion que acompañaba la elaboración y ratificación de la Constitución y que los líderes europeos consideraron tan fundamental en 2002.
Sin embargo, mi sensación es que podríamos estar ante una salida en falso, al menos por tres razones. En primer lugar, se olvida con frecuencia que ya existe una constitución material europea, no escrita, basada en la interpretación judicial de los Tratados. La decision de no llamar “Constitucion” al nuevo texto y, sobre todo, de prohibir que tenga caracter constitucioinal puede afectar a los logros de la integración europea de los últimos cincuenta años. Es decir, el acuerdo y el espíritu de Lisboa puede ser usado por los euro-escépticos para limitar el dinamismo y la flexibilidad de la integración e impedir la necesaria profundización en el proceso, si se aspira en los próximos años a que Europa sea un actor global, tenga verdaderas políticas de energía, inmigración o defensa y un gobierno económico digno de este nombre.
En segundo lugar, nadie asegura que este tratado entrará fácilmente en vigor. Varios países pequeños como Irlanda o Dinamarca celebrarán referendums y Gordon Brown en el Reino Unido al final puede verse obligado a hacerlo. Aunque se ha intentado redactar el texto de tal modo que los Estados con menos escrúpulos no lo sometan a referendum –no vaya a ser que el pueblo se “equivoque” otra vez…- sigue en vigor la regla de la unanimidad para ratificarlo. Basta con que un socio europeo lo rechace en su Parlamento o un Tribunal Constitucional le ponga pegas para que se complique el proceso y eventualmente no haya Tratado de Lisboa en la fecha prevista, 2009.
Finalmente, resulta inútil y contraproducente intentar cerrar la caja de Pandora ya abierta del debate público sobre Europa. Ante los noes de Francia y Holanda lo que se necesitaba es más debate, no menos, más política y no una tecnocrática huida hacia adelante, que puede convetirse en la salida equivocada del laberinto.
(publicado en El Correo, 20 de Octubre, 2007)
2 Comments »
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Absolutamente de acuerdo, parece que los dirigentes politicos han decidido seguir hacia adelante sin contar con la opinion publica. En lugar de estudiar el significado de los noes y muchos sies a la Constitucion Europea, creo que han buscado la forma de sortear estos obstaculos. En mi opinion, muchos individuos han votado “si” no por un sentimiento de pertenencia a un grupo sociocultal comun (europeo), sino por la necesiadad de pertenecer a un conjunto de estados economicamente alineados. Aunque en este sentido exista una absoluta incongrencia: Inglaterra. ¿Como podemos permitir un socio que no admite la utilizacion de la moneda comun a todos los miembros? Me gustaria que alguien me diera una respuesta medianamente aceptable.
Comment by Salvador Gómez — October 28, 2007 @ 10:54 pm
Por mucho que les pese a algunos la realidad es que la Europa de los ciudadanos avanza a marchas forzadas. Cada vez más los ciudadanos demandan más Europa aunque sus dirigentes políticos se refugien en la defensa de los intereses nacionales para frenar, retrasar y, en algunos casos, obstaculizar los logros de la integración europea. No descarto que el próximo avance en la integración Europea se dé por la vía de los ciudadanos, una vía silenciosa pero progresiva que avance hacia la integración política europea sin tener que necesariamente contar con los representantes políticos más preocupados con proteger sus propias parcelas de poder que de defender los intereses generales de los ciudadanos. Así, la Europa de las naciones y la Europa de los ciudadanos coexistirán durante un corto y medio plazo pero a la larga se impondrá la Europa de los ciudadanos. Lo que está todavía por ver es quién intentará capitalizar la progresión de la Europa de los ciudadanos, si serán los partidos políticos, grupos de presión, ONG u otro tipo de organizaciones plurinacionales que se vayan creando ad hoc.
Comment by Jose L. Baró — November 15, 2007 @ 5:20 pm