La dificultad de ser amado y temido
J. Ignacio Torreblanca
8 de abril, 2008
Hace tiempo que Maquiavelo, el Sun Tzu europeo, hizo notar la dificultad de ser amado y temido a la vez. Los 3.000 policías que necesitó ayer la antorcha olímpica para cubrir su paso por París son una buena muestra de esta dificultad. El Gobierno chino ha organizado estos Juegos Olímpicos con el fin de mostrar al mundo su éxito, pero lo que se está demostrando estos días es que el ascenso pacífico de China despierta mucho más temor y recelo que admiración.
Preocupado porque los Juegos se les vayan de las manos, el Gobierno chino ha contratado a una gran empresa de comunicación. Sin embargo, como EE UU ha experimentado en los últimos años, ni la mejor estrategia de diplomacia pública puede ayudar a vender un producto defectuoso. Con miles de disidentes encarcelados, una severísima represión política y religiosa y una política exterior carente de sensibilidad, China tiene poco que vender a la opinión pública mundial y mucho sobre lo que reflexionar. Para mejorar su imagen internacional, China podría, entre otras cosas, dejar de usar una retórica de corte orwelliano para denostar a todos los que disienten de ella, cumplir sus promesas de libertad de movimientos a los medios de comunicación, hacer algún gesto en torno a Darfur y, especialmente, sentarse a hablar con el Dalai Lama, cuyas posiciones pacíficas y autonomistas, no independentistas, ofrecen a Pekín un margen de actuación muy amplio.
Pero ello no servirá para atajar el problema fundamental: la falta de legitimidad del poder de China. Sin legitimidad, China no puede pedirnos que la amemos, sólo esperar que la temamos, que es lo que los Gobiernos europeos han practicado hasta ahora. Curiosamente, las protestas de la opinión pública no se dirigen sólo contra China, sino también contra el silencio de sus propios Gobiernos a la hora de condenar las violaciones de los derechos humanos, la represión en el Tíbet o la connivencia con las autoridades de Sudán. Puestos a celebrar la Grecia clásica, y ante la pasividad de sus Gobiernos, parece evidente que la opinión pública ha encontrado el talón de Aquiles del poder chino en los Juegos Olímpicos y se dispone a explotarlo con el apoyo de los medios de comunicación, atraídos siempre por un buen espectáculo.
Una vez más, los Gobiernos quedan en evidencia ante el poder de la opinión pública y los medios, lo que también debería ser motivo de reflexión a este lado. Pero lo importante es que las protestas en torno a los Juegos no queden en anécdota, sino que sirvan para que los Gobiernos europeos se convenzan de la necesidad de tomarse mucho más en serio la agenda de derechos humanos en su relación con China y para hacer ver a Pekín que es en su propio interés aceptar esa agenda. Este objetivo no es utópico: al igual que Occidente consiguió, mediante el proceso de Helsinki, atraer a la Unión Soviética a una negociación en la que los derechos humanos eran parte de un compromiso global, los Juegos Olímpicos deberían permitir abrir ahora un camino similar.
Publicado en El País, 8- 04- 2008
3 Comments »
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JIT dice: (…) “lo importante es que las protestas en torno a los Juegos no queden en anécdota” (…)
Lo increíble es que el COI (IOC) se esté prestando al juego de represión e incluso se atreva a descalificar las muestras de repulsa popular que las políticas de represión Chinas producen en el común de los mortales a lo largo y ancho del globo.
Después de los gravísimos incidentes del Tibet, manifestarse -eso si, de forma pacífica- al paso de la antorcha olímpica se antoja casi una obligación moral.
TFS
Comment by tfserna — April 9, 2008 @ 1:59 pm
Es gracioso que Estados Unidos y Europa (especialmente España) se rasguen las vestiduras con cualquier fanfarronada del barón del petróleo en Caracas. Prepotenente, tonto, retrógada, muchas cosas se pueden decir del dictadorsuelo de cuarta de Venezuela. Pero una cosa es cierta. A lado del mandarinato chino, Chávez parece una entrañable abuelita de pueblo. En China todavía está presos muchos de los protagonistas de las protestas de Tianamen. Shi Tao, junto a otros periodistas, carga con una pesada condena de diez años. Dictamen que contó con la ayuda de un titán del ciberespacio coo Yahoo (accedió a dar la información sobre las cuentas de correo electrónico de los periodistas al gobiernos chino). China está acostumbrada a los records, pero no los olímipicos, sino por el número de sentencias a muerte. Reos de una injusta justicia que no sólo irrespeta todo parámetro procesal medianamente civilizado, sino que además cobra a sus familiares del sentenciado la bala con la que son ejecutado. Mientras esto sucede, occidente entero alcanza el nirvana cada vez que Hu Jintao honra a algún mandatario con su visita. Bush, la Vieja Europa o la Bachelet de Chile, todos han puesto la alfombra roja a “los carniceros de Pekín”, como los ha denominado Nancy Pelosi, la mandamás del Comgreso de EEUU.
Bien, hasta ahí, estamos de acuerdo. Pero otra cosa que me preocupa es que el mundo entero corra al entonar el himno del Dalai Lama, símbolo de una sociedad atrasada, de un régimen feudalista en el cual uno cuantos monjes vivían a costa de explotar a los agricultores tibetanos. No caigamos en ese juego. Dalai Lama ha vivido del dinero de la CIA desde hace años, usado como pantalla de una supuesta causa noble. Se trata de Tibet, de los tibetanos, no de un grupo de monjes nostálgicos de sus antiguos privilegios.
Las relaciones internacionales son un ejercicio puro y duro de hipocrecía institucionalizada, robando la frase de Krasner.
Saludos. Por cierto, me gusta mucho su blog.
Aparicio Caicedo
Comment by Aparicio — April 14, 2008 @ 12:36 pm
Gracias por vuestros comentarios. Es indudable que a los Gobiernos europeos se le has ido la mano con la complacencia con China y ahora están atrapados en un callejón sin salida entre una opinión pública indignada y un gobierno chino ofendido de que se les critique. Más allá del boycot a los juegos, lo importante es encontrar la manera de que China entienda que tiene que ofrecer una hoja de ruta con progresos visibles.
Comment by Jose Ignacio Torreblanca — April 16, 2008 @ 11:20 pm