Ahora, los checos
José M. de Areilza
23 de junio, 2008
La cumbre europea de la semana pasada empezó con la buena noticia de la ratificación británica al Tratado de Lisboa, que atemperaba la preocupación por el “no” irlandés. Pero la reunión de los líderes europeos ha acabado con tono pesimista, al aceptar las dificultades legales de la República Checa para ratificar este texto. Angela Merkel y Nicolás Sarkozy han intentado minimizar el resultado del referéndum en la isla del Eire y el pleito constitucional checo. Los han presentado como dos incidentes menores e incluso han cuestionado la actual unanimidad que exigen los Tratados para la entrada en vigor de las reformas europeas. Se trata de una actitud poco democrática y contraproducente para lograr que un día todos los Estados miembros aprueben las nuevas reglas del juego de Lisboa, una serie de avances globalmente necesarios, que en el plano institucional benefician claramente a Berlín y en menor medida a París.
El Consejo Europeo ha acordado que el proceso de ratificación no debe suspenderse. En relación al “no” irlandés todo indica que en junio de 2009 podría celebrarse un segundo referéndum con interpretaciones y explicaciones añadidas al texto rechazado, al igual que ocurrió en 2002 con el Tratado de Niza. Pero entre tanto es posible que los checos también digan “no” y abran otro frente de crisis. El Senado de esta república centroeuropea ha solicitado que el Tribunal constitucional decida si el Tratado de Lisboa es conforme con la Constitución nacional. Al mismo tiempo, los checos irán a las urnas en Octubre en un clima de euro-escepticismo. El presidente Vaclav Klaus ha declarado que el texto de Lisboa está muerto (y se ha ofrecido desde el hospital para redactar en dos tardes uno mejor) y el primer ministro ha dicho que él no apostaría “ni tres euros” a favor del éxito de la ratificación parlamentaria, contando con que el alto Tribunal da luz verde. La salida de esta crisis de confianza será trabajosa y lenta. Para empezar requiere grandes dosis de autocrítica por parte de los actuales líderes, que han gestionado de modo pésimo la salida del laberinto constitucional.
(publicado en El Correo, el 21 de junio, 2008)
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Without new democratic rules and an acceptance of progress by the willing, the Lisbon Treaty and the future of the European Union are in grave danger.
Comment by Ralf Grahn — June 23, 2008 @ 7:15 pm