Europa sin velocidad
José M. de Areilza
2 de julio, 2008
El presidente polaco Lech Kaczynski ha decidido no firmar por ahora el Tratado de Lisboa, a la vista del no irlandés y de las dudas checas, y aprovechando que Alemania anunció el lunes que su Tribunal Constitucional debe pronunciarse sobre el nuevo texto y que no lo hará antes de principios de 2009. Con estas noticias se han complicado las posibilidades de que entren en vigor a corto plazo las reformas europeas. Por fortuna, el gemelo Kaczynski no representa el sentir de la mayoría de los polacos, pero está dispuesto a usar a su favor las debilidades presentes de la Unión para crecer en votos con un discurso a partes iguales nacionalista y populista. El caso alemán es más peliagudo. Angela Merkel encabezó hace unos días en el Consejo Europeo el grupo de líderes europeos decididos a proseguir la ratificación de Lisboa a pesar del no irlandés, dando por hecho que su país tenía vía libre para hacerlo. Como acostumbra a hacer últimamente en foros internacionales, la canciller adoptó un tono de superioridad moral para recordar a los demás cuáles eran sus deberes. El presidente de la República Federal, Horst Koehler, ha tenido que frenarla in extremis y recordarla que hay dos pleitos constitucionales pendientes sobre el Tratado de Lisboa y que por lo tanto la ratificación alemana tiene que esperar.
De este modo, ayer Nicolas Sarkozy empezó su presidencia semestral de la UE con un dolor de cabeza más, mientras su ministro Kouchner, mucho mejor médico que diplomático, amenazaba con volar los procesos de ampliación pendientes en respuesta a los noes, titubeos y retrasos en la firma del nuevo Tratado. El problema de fondo no es tanto el retraso seguro en la aplicación de unas nuevas reglas del juego, que facilitan la toma de decisiones europea. Lo grave es el bloqueo psicológico en el que los líderes europeos entran cada vez que hay una dificultad para avanzar y la falta de soluciones democráticas e imaginativas para abordar los problemas propios de un proceso tan complejo como es a estas alturas la integración europea.
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Yes, the lacking will of EU leaders to institute democratic reform and restore legitimacy to the European Union is indeed disturbing, and it is leading to hardening resistance and growing disillusionment, putting at risk both short term modest reform and the long term viability of the European Union.
Comment by Ralf Grahn — July 2, 2008 @ 4:01 pm