Pordiosear al vecino
Fidel Sendagorta
25 de febrero,2009
La crisis financiera ha provocado el mayor giro ideológico en Europa en una generación. El cambio además se ha producido de la noche a la mañana, impulsado por la presión acuciante de los acontecimientos y por lo tanto, sin debate previo. El dilema entre más mercado y más Estado, que se había resuelto a favor del primero después de un siglo de controversias políticas, cambiaba de signo de golpe para devolver al Estado su autoridad perdida en la gestión de las economías europeas.
Este giro ideológico ha sido tan radical que el primer Gobierno europeo en emprenderlo fue precisamente el del new labour británico, es decir, la izquierda que más profundamente había modificado sus posiciones en favor del libre mercado. Más previsible, aunque también significativo, ha sido el reposicionamiento del Presidente Sarkozy, ayer haciendo guiños de simpatía hacia el modelo anglosajón y hoy propugnando una refundación del capitalismo y un reforzamiento del clásico estatalismo francés. Por su parte, los liberales conservadores de todos los países europeos están sumidos en el desconcierto, al quedar súbitamente desprovistos de su estandarte ideológico más querido: el libre mercado. Pero empiezan a tener resonancia algunos planteamientos novedosos como los que defienden aquellos a los que la revista Prospect ha bautizado como los “conservadores rojos”. Es el caso de Phillip Blond, que pone su foco de atención sobre la sociedad y el desafío de tratar de impedir que ni el Estado ni el mercado la asfixien con sus excesos. Esta nueva aproximación crítica al mercado, del que no se reniega pero del que tampoco se esperan beneficios automáticos para la sociedad en su conjunto, parece el enfoque más prometedor surgido en las filas conservadoras, ahora confundidas por el alcance de los cambios que estamos viviendo.
Este giro ideológico de puertas para adentro en favor del Estado tiene también poderosos efectos de puertas para afuera. Paradójicamente son los países subdesarrollados convertidos en potencias emergentes, como China, India o Brasil, los que ahora defienden los efectos benéficos de la globalización, mientras en los países más desarrollados surgen voces favorables a una desglobalización controlada que defienda los modos de vida europeos o norteamericanos de los vientos huracanados procedentes del exterior. Pero es en el seno de la Unión Europea donde las consecuencias de estos cambios están siendo más inmediatas y visibles. En efecto, más Estado quiere decir obviamente menos mercado y a su vez esto implica menos mercado común -antigua denominación de ese objeto político no identificado que hoy llamamos U.E.- y de ahí los episodios a los que estamos asistiendo en los que la política de ayudas estatales apela a un egoísmo sagrado que casi siempre es a costa del vecino. Es lo que los ingleses llaman con expresión afortunada beggar thy neighbour que traducido libremente diría algo así como pordiosear al vecino. Ya se trate de medidas en el sector financiero o de apoyo a las industrias nacionales, el efecto es un desflecamiento gradual del mercado interior. Y la Comisión Europea, guardiana de un orden que se resquebraja, asiste impotente a estos desafueros, sin autoridad moral para defender el mercado y las normas de la competencia que lo regulan, en un momento en el que el propio mercado ha quedado desacreditado por la crisis.
Pero si los líderes europeos quieren demostrar su liderazgo en el G 20, no podrán propugnar una mayor y mejor gobernanza mundial si al mismo tiempo no dan buen ejemplo preservando ese modelo de gobernanza económica internacional que es la Unión Europea. Para eso hace falta que los Estados miembros devuelvan a la Comisión la autoridad que ahora le falta. Pero también será necesario que la Comisión abandone su actitud a la defensiva y encuentre un nuevo relato que ofrezca a los ciudadanos europeos una doble protección frente a los excesos de los Estados, pero también de los mercados.
2 Comments »
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Desde que se dejo de lado el proyecto de “Constitución europea” la integración política y social de la UE se ha ido debilitando ¿No sería un mal momento para retomar la construcción politica de la UE.
Comment by Rafael R. López — March 19, 2009 @ 6:32 pm
A los fanáticos del libre mercado les gustaría poder actuar sin ningún control jurídico, pero no se atreven a decirlo abiertamente.
Nada de legislación fiscal, ni laboral.
Ningún interés estaría por encima del suyo.
El mundo entero sería un espacio donde dar rienda suelta a su codicia.
La única legislación que permitirían sería la que protegiera la propiedad privada.
A través de la globalización pretenden poder escapar de las leyes de cada país.
Esta crisis plantea el problema
– de la responsabilidad de los causantes de la crisis.
– de la impunidad que tienen.
– de la capacidad de los gobiernos para proteger a las poblaciones de los movimientos especulativos.
Comment by José — July 19, 2009 @ 9:10 pm