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Wall Street y la mayor burbuja de la historia

Pablo Atienza

13 de abril, 2010

No sé si han visto ustedes la última película de Michael Moore, el autor de Bowling for Columbine, titulada “Capitalism. A love story.” En una de las últimas escenas Moore coloca una cinta de plástico amarillo que reza “se ha cometido un crimen” alrededor de la sede en Wall Street de Morgan Stanley, uno de los principales bancos de negocios, y grita por un megáfono: “Vayan bajando con las manos sobre la cabeza. No tienen de qué preocuparse: la comida en las prisiones federales es bastante buena.”

Puede que Moore se pase, pero la hecatombe desatada a causa, al menos parcial, de los bonos con garantía hipotecaria colocados por los bancos americanos en todo el mundo es único desde varios puntos de vista: el enorme volumen involucrado, la globalización de las víctimas directas y la extensión del desastre a miles de millones de personas que nada tenían que ver. También hay que señalar el cúmulo de irregularidades cometido y la carencia de penalización de los responsables, aunque esto ya es más frecuente.

Todo comenzó en el contexto del retorno a USA de los flujos causados por el alto precio del petróleo en los países productores y por el superávit comercial de las economías emergentes. Para dar acomodo a esta liquidez los bancos necesitaban activos que dieran una rentabilidad aceptable cuando la remuneración del dinero estaba, como ahora, cerca del 0%.

Para ello utilizaron la titulización. Las hipotecas concedidas por los bancos, troceadas y apiladas, se convertían en bonos con garantía hipotecaria, que se colocaban en los mercados mundiales con dos o tres puntos de interés por encima del bono del tesoro americano. Los bancos colocaban los bonos, se quedaban con un margen sustancial, y dejaban el balance limpio para conceder nuevas hipotecas y seguir con el juego. Aún quedaba margen para pagar “fees” importantes a las agencias de rating, Moody’s, Fitch o Standard Poors, que concedían ratings de solvencia generosos – por encima de AA habitualmente – a estos bonos, lo que tranquilizaba a los inversores.

El negocio era tan bueno (en algún año más de la mitad de los ingresos de los bancos de negocios) que ante la falta de hipotecas suficientes para atender la demanda de bonos se crearon empresas promotoras y comercializadoras para acelerar la construcción de casas y la concesión de hipotecas. Para agilizar el proceso y ampliar el campo de posibles compradores los bancos eliminaron paulatinamente todo tipo de pruebas de solvencia, ya que por un lado estaba la garantía de las viviendas hipotecadas, cuyo precio subía continuamente, y por otro una vez colocados los bonos todo el riesgo era del tomador.

Muchos de los nuevos compradores no tenían medios para pagar: un tipo de bonos se llamaba NINJA :“no income, no job, no assets” (sin ingresos, sin trabajo, sin patrimonio), referido a los tomadores de las hipotecas. Como los bonos seguían teniendo ratings altos de las agencias (ellos sabrían por qué) y buenas rentabilidades, se colocaban sin problemas

El volumen siguió creciendo y los bancos y las agencias de rating daban resultados record trimestre tras trimestre, (los ingresos de Moody’s se multiplicaron casi por tres, de $800m a 2,2 billones entre 2001 y 2005) todo en un contexto de subida constante de los precios de las viviendas.

Es de suponer que al menos algunos banqueros serían conscientes de la burbuja que se estaba creando y de la ola de impagados que se produciría en cuanto dejaran de subir los precios, pero el bajarse del carro hubiera deteriorado la cuenta de resultados, lo que era inasumible por dos motivos:
1) Todos los competidores presentaban resultados espectaculares cada trimestre, y cualquiera que no lo hiciera sufriría en bolsa y su CEO sería despedido.
2) Los bonus sobre beneficios, que representaban bastante más de la mitad de los emolumentos, se verían muy afectados, y los mejores empleados se irían a la competencia.

Ningún banco abandonó el negocio; sólo Goldman Sachs dejó de operar sobre lo peor de las hipotecas subprime, ya en 2007.

A finales del 2006 empezaron a crecer los impagados y a bajar los precios, a pesar de lo cual los bancos siguieron con el proceso de conceder hipotecas y titulizar, aún cuando era cada vez más difícil colocar los bonos, que se mantenían en las carteras de los propios bancos que los emitían, y siguieron dando resultados y repartiendo bonus record. Las agencias de rating, al ver que el mercado se tambaleaba, corrigieron a la baja los rating de los bonos (viejos y nuevos) con la consecuente caída de precios.

Lehman Brothers dio un beneficio de 4,172 millones de dólares en 2007, record histórico, llevando a resultados los beneficios teóricos en los bonos que se iban acumulando en su balance (que ya entonces valían mucho menos), además de otras contabilizaciones creativas, después de repartir $5,700m en bonus, 35m a su CEO, Richard Fuld. Nueve meses más tarde, el 15 de septiembre 2008, Lehman suspende pagos con unos pasivos de más de 600,000, 000 ,000 de dólares. Aún no se ha liquidado la suspensión, pero el mercado espera que se recupere del orden del 15%/20%. Si resulta así se habrá perdido, además de la totalidad de los recursos propios, 8 dólares de cada diez invertidos, 500 billones de dólares de dinero ajeno, unos 80 dólares por cada habitante del planeta.

El interventor de la suspensión ha dictaminado que se ocultaban pasivos fuera de balance y que la gestión ha sido negligente. Pese a todo ello Richard Fuld no ha devuelto sus $35m. Tampoco hubieran resuelto mucho.

En conjunto los bancos de Wall Sreet pagaron a sus empleados 33,000 millones de dólares en bonus con cargo al 2007, comandados por los $12,000m de Goldman Sachs. Meses más tarde todos ellos tuvieron que recibir dinero público procedente del TARP para poder seguir operando.

Las instituciones financieras americanas, con la colaboración de las agencias de rating y la negligencia de la Securities and Exchange Commission, han:

1) Concedido hipotecas, colocadas a personas no solventes por organizaciones comerciales creadas al efecto, que jamás hubieran concedido si el riesgo final fuera del banco.
2) Obtenido de las agencias de rating calificaciones incomprensiblemente altas para esas emisiones sin las cuales su colocación no hubiera sido posible.
3) Colocado esas emisiones por el mundo entero en cantidades astronómicas, hay que suponer que sabiendo lo que vendían.
4) Destruido el mercado inmobiliario americano (y de paso los ahorros de la población) al inundarlo de viviendas para las que no había demanda. Los precios han bajado del orden del 40% y la tasa de impagados de las hipotecas en Florida supera el 45%.
5) Dado unos resultados ficticios del ejercicio 2007 que no recogían el deterioro en el valor de sus activos y pagándose unos bonus elevados cuando meses más tarde las entidades tenían que ser rescatadas por el estado.

En el “Troubled Assets Relief Program”, o TARP (programa de rescate de activos dudosos), el fondo de $700 billones aprobado por el Congreso y Senado de USA el 3 de Octubre de 2008 para rescatar a la banca americana, se cifran los activos dudosos relacionados con hipotecas en 24 trillones de dólares, $24,000,000,000,000, vez y media el PIB americano, 15 veces el PIB español, cerca de 4,000 dólares por cada habitante del mundo, 80 millones de hipotecas de $300,000 que no debieron concederse.

Estos activos tóxicos se han distribuido por todo el mundo a todos los niveles de inversores, simplemente a partir de la explicación siguiente: “rentan el 3,5%, coloca Morgan Stanley y es triple A de Moody’s.” En España los han colocado hasta las cajas rurales.

La crisis se ha llevado por delante a muchos bancos en todo el mundo, un país por ahora, Islandia, y deteriorado seriamente las expectativas de la humanidad en pleno. Aquí en España vamos camino de 5 millones de parados, y en Grecia admiten ofertas por el Partenón. En cambio en Wall Street nadie ha sido acusado de nada. De los CEO’s de los seis grandes bancos de Wall Street sólo han salido Fuld (Lehman, por quiebra) y Thain (Merril Lynch, por venta a Bank of America). Todos los bancos supervivientes mantienen a sus primeros ejecutivos: Pandit en Citibank, Mack en Morgan Stanley, Dimon en JP Morgan y Blankfein en Goldman. Ahora dicen que van a empapelar a Fuld por los agujeros en la quiebra de Lehman. Veremos.

A las agencias de rating, como diría el gitano del chiste, ni les han reñido siquiera y siguen dictaminando la solvencia de empresas y países, empezando por el nuestro, me temo que con bastante optimismo. De este modo, en Wall Street la situación es “business as usual”, simbolizada por los $365,000 por empleado repartidos por Goldman Sachs con cargo al ejercicio de 2009.

Puede que Moore tenga algo de razón.

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