Siempre caigo en los mismos errores
Stan Ford
31 de Mayo, 2010
El estribillo de una ranchera de Jose Alfredo Jiménez dice: “Nada me han enseñado los años / siempre caigo en los mismos errores / otra vez a brindar con extraños / y a llorar por los mismos dolores.” No sé si los recientes presidentes del gobierno español brindan con extraños fuera de las reuniones del G-20, pero sin duda lloran por los mismos dolores, en particular la baja consideración que merecen, a los ojos de los medios de comunicación, sus insignes cualidades en la gestión pública.
También coinciden en el tratamiento para remediar tamaño desafuero: la creación de un nuevo grupo de comunicación que les permita leer el periódico o ver el telediario con la seguridad de no sufrir sobresalto alguno. Dirán ustedes que para eso está Televisión Española, pero en TVE, con la oposición en el consejo y algún redactor crítico, hay que mantener, aunque sea sin excesos, las formas. Son mejores los medios expresamente diseñados para la mayor gloria del prócer.
Abrió el camino el gobierno de Felipe González, que arrastró a Germán Sánchez y el grupo Anaya en la aventura del diario “El Sol”, del que salieron dos años después mucho más pobres y sin periódico. Siguió el ejemplo, corregido y aumentado, el gobierno de José María Aznar, que embarcó al grupo Planeta en el proyecto de “La Razón”, desmantelando ABC (que, por aquel entonces, tenía veleidades centristas) e indujo a Villalonga, con el dinero de los accionistas de Telefónica, a tomar el control de Antena 3 y a lanzar Via Digital, que acabó, tras perder cantidades estratosféricas, en manos del enemigo.
Por último el gobierno de Zapatero, a quien Javier Pradera le debe parecer tibio y la aportación de la cadena SER para ponerle en el lugar que ocupa insuficiente, apoya a un grupo en torno a Media Pro, con Jaume Roures de cabeza visible (no se sabe con exactitud quién pone el mucho dinero necesario) con diario, “El Público”, cadena de televisión, “la Sexta”, y derechos de fútbol comprometidos (que no pagados) a precio de oro, todo ello con pérdidas ingentes. El principal perjudicado es el grupo PRISA, que no por ello ha cambiado (aunque sí matizado algo) su apoyo al gobierno.
Puede parecer curioso, además de las pérdidas que soportan los financiadores de estas iniciativas, que sean siempre los medios afectos los perjudicados. Se explica porque para un gobernante socialista los vituperios de Abc son música celestial y la menor frialdad del País traición inaceptable. Ciertamente se puede decir lo mismo de los gobernantes conservadores invirtiendo los nombres de los medios.
Lo que sí es digno de atención es el desastre producido en los medios afectados: en el ABC, se pierde el control de la empresa y el control del grupo Prisa puede pasar a manos de un grupo estadounidense al que la religión política de los Gabilondo, Pradera o Cebrián les parece música celestial. Pueden vender la SER o el País al mejor postor (Berlusconi con Jiménez Losantos a los micrófonos, por ejemplo) y los clubes de fútbol están abocados a la quiebra si (cuando?) Mediapro no puede pagar los derechos. Cuesta entender que los gobernantes no hagan nada para remediar las consecuencias indeseadas de su afán de crear medios incondicionales a costa de la desaparición o cambio de manos de los que ya (casi) lo eran. Todo lo explica la propia canción, que concluye: “tómate esta botella conmigo / y en el último trago nos vamos”. ¿Qué mayor placer que retirarse tras dos legislaturas y que el candidato correligionario caiga envuelto en llamas? Hasta puede que le vuelvan a llamar a uno para el rescate.
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