David contra Goliath
José M. de Areilza
16 de diciembre, 2011
Lo más inesperado de la metedura de pata de David Cameron en el Consejo Europeo de la ruptura británica es la falta de un discurso atractivo sobre su país con el que lucir los vetos de madrugada y el alejamiento del continente. Es comprensible que su país se quede fuera de las medidas de emergencia anunciadas para reanimar al euro, de inciertos resultados por la tramitación elegida y por el fondo de lo acordado: más austeridad e intervencionismo. El primer ministro no tenía muchas alternativas, por la no pertenencia de su país a la moneda única. Por supuesto, la desaparición del euro acarrearía consecuencias nefastas para la economía británica. Desde luego que la centralización poderes en torno a Bruselas para afianzar el gobierno económico, sitúa en la periferia política de la Unión a este grande, eslabón fundamental del mercado interior europeo y su política comercial. Asimismo, el hecho de que el premier británico haya tratado de proteger su sector financiero era algo anunciado como también el aprovechamiento populista por Nicolás Sarkozy, a pocos meses de sus elecciones. El hecho es que la nueva regulación europea puede dañar seriamente a la City, por no pertenecer a territorio de la eurozona y cuando la reclamación de independencia financiera de los isleños no va acompañada del tamaño suficiente ni de una buena salud económica. Pero, sobre todo, lo que faltó en el discurso de David Cameron en los Comunes, demasiado influido por el espíritu más nostálgico y menos viajado de su partido, fue una retórica de futuro. Acertaría si fuera capaz de contar una visión atractiva de su país en la Unión y evitar la baja autoestima colectiva que ha dejado traslucir en su regreso a la isla. Era la hora de poner en valor la aportación británica a Europa, sin renunciar a su identidad y por supuesto a sus excentricidades, tan envidiadas en secreto por franceses y alemanes. Todavía está a tiempo de poner en práctica las tácticas blandas de quien fue recibido como un Blair conservador.
(publicado en ABC, el 16 de diciembre, 2011)
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Es en este desmarque, una vez más, del RU del proyecto Europeo, ahora hacia una mayor integración fiscal, donde se pueda quizás apuntar a posibles cambios estructurales en el devenir geopolítico. Son cambios lentos pero inexorables, parecidos al movimiento geológico de grandes placas tectónicas. Y es que, probablemente, para el RU se ha acabado el tiempo válido para ambiguedades medidas en el apoyo al proceso de construccion Europea, siempre contraprestadas en esa posición incuestionable de ascendencia con nuestros socios atlánticos, los EEUU. Ya el apoyo de Blair a Irak hace más de una década dejo al continente fuera de juego. Ahora, la inicitiva alemana hacia este posible primer capítulo de unión fiscal, que ha arrastrado no sólo a todos los 17 miembros de la Eurozona sino también al resto de la UE- 27-1, ha forzado la caida de máscaras dando entidad sólida a un movimiento pan continental que vendrá a definir uno de los rasgos genuinos del proyecto Europeo político inevitablemente como algo occidental no- anglosajón. Cualquier otro planteamiento probableente este abocado al fracaso. El eje franco-alemán se ha dado cuenta de ello y asi lo ha expresado Merkel- “sencillamente no estaban en la mesa”.
En ningún frente es esta friccion más evidente que en el financiero y más concretamente en el apoyo al Financial Transaction Tax (FTT) o tasa Tobin un resorte imprescindible para dar mayor sentido y traccion a la gobernanza global. No es sólo interés práctico lo que ha llevado a RU y EEUU a frenar su aplicación durante décadas- por su propia idiosincrasia: asistir la gestión de fenómenos genuinamente globales, debiera haber estado aplicado hace años, sino estrátegico en el sentido más largo placista posible. Su emergencia acabaría por consumar en el plano internacional una versión de los mercados fiancieros internacionales menos libérrima que la que hemos sufrido en la última década y proyectaria a la UE, liderada por Alemania, a un protagonismo en la esfera global hasta entonces insospechado. Efectivamente, para el RU ha llegado el momento de cruzar líneas y plantearse posicionamientos políticos más definidos.
Como apuntaba el ministro de economía Schauble, quizá el RU- cuyo mismísimo gobernador del BoE Mr King avisaba contra la solvencia intrínseca del Euro escasos días tras el 9 de diciembre…, en 3 ó 4 años pedirá entrar en la moneda única…
Comment by Fernando Primo de Rivera — January 16, 2012 @ 1:18 pm