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Ideas, debates, analysis et al.

Obama, candidato y presidente

José M. de Areilza

27 de enero, 2012

El presidente Obama, formado en Harvard Law School como experto en Derecho Constitucional, ha comprobado en su piel la inelasticidad del sistema politico americano. La polarización de la política es cada vez mayor y, en especial, los republicanos han acentuado los rasgos más radicales de su ideario. Las luchas partidistas en un legislativo que no controla le han impedido ser un presidente centrista, generador de consensos. No obstante, un maltrecho Obama es el favorito en las elecciones de noviembre de 2012. Su desafío es recuperar aquello que le hizo popular en 2008 y al mismo tiempo renovar su mensaje para adaptarse a un escenario bien distinto. Hace cuatro años consiguió conectar con muchos votantes independientes y con jóvenes que nunca habían participado en política, la llamada generación del milenio. Lo hizo con un discurso post-ideológico, de unidad, ejemplo personal y cambio, y supo aprovechar muy bien el enorme simbolismo de aspirar a ser el primer presidente de la minoría afro-americana. En el reciente discurso sobre el estado de la Unión el presidente Obama se ha reinventado como demócrata de toda la vida, prometiendo mayores controles al sistema financiero y más impuestos a los que más ganan. También ha subrayado su firmeza en cuestiones de política exterior, otra tradición demócrata. Detrás de este movimiento táctico no hay una gran visión al estilo de Ronald Reagan, pero sí una decision inteligente de acercarse a las clases medias, en prevision de una batalla frente a Mitt Romney o Newt Gingrich. Romney sería un buen gestor económico pero le costará no ser percibido como un distante millonario de Nueva Inglaterra, algo que ya le ocurrió al candidato John Kerry. Gingrich es un agitador impredecible, que entusiasma a parte de las bases conservadoras y en cambio repele a muchos votantes. De este modo, Obama tiene a su favor que los republicanos se empeñan en perder y depende para ganar de nuevo sobre todo de la mejora de la economía y de que los europeos afiancemos nuestra moneda única. (more…)

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Quién decide quién decide

José M. de Areilza

23 de enero, 2012

 

Mientras una grisácea economía centra la atención de los dirigentes europeos, entre las brumas del Támesis ha emergido la política con mayúscula. David Cameron ha echado un órdago con su petición de que se vote en los próximos dieciocho meses la pertenencia de Escocia al Reino Unido. Nada de «devolución máxima», es decir, un no rotundo a que los nacionalistas escoceses vayan decidiendo paso a paso las nuevas transferencias de poder desde Londres, creando una estructura territorial demasiado compleja e inestable. Con su propuesta de «ducha escocesa» a favor de la claridad existencial, siguiendo el precedente canadiense, el primer ministro intenta quitarle la iniciativa al nacionalista Alex Salmond. A su vez el hábil norteño pretende utilizar las consultas populares para fortalecer sus aspiraciones de mayor autogobierno, un tigre difícil de cabalgar. En pleno siglo XXI las demandas inspiradas en la pesadilla de comunidades étnicamente puras chocan con la experiencia de civilización y los ideales cosmopolitas de la mejor historia europea. El discurso al mismo tiempo pactista y atrevido de Salmond se aprovecha de que el pasado es impredecible y con excesiva frecuencia se fabrica desde el poder. El caso escocés tiene sus singularidades propias -gran parte de los símbolos y relatos que conforman su identidad más visible (clanes, «kilts», telas) fue una tradición inventada a lo largo de los siglos XVIII y XIX, en parte como negocio y en parte como diversión de románticos empedernidos. Por fortuna para los británicos, la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea fortalece su unidad, porque los principios, normas y prácticas institucionales de la integración europea conforman un verdadero régimen anti-secesión. (more…)

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El euro no es Schengen

José M. de Areilza

13 de enero, 2012

En la sala de operaciones de Bruselas empieza a cobrar forma el nuevo pacto europeo para afianzar la disciplina fiscal y fortalecer el gobierno económico. La idea es cerrarlo cuanto antes: su rápida entrada en vigor debería mejorar la confianza en la amenazada moneda única. Sin embargo, las ocho páginas del borrador de este acuerdo internacional, fuera de los tratados europeos, presentan retos de gran envergadura incluso para los mejores juristas y los políticos más sutiles, que luchan contra reloj y codo con codo mientras aumenta la incertidumbre. A diferencia del acuerdo de Schengen, también nacido fuera del marco de la integración, lo que se intenta ahora es reformar desde el extrarradio el núcleo duro de la Unión, su parte más federal. El magnífico sueño de Schengen, una Europa con libre circulación de personas y no solo de trabajadores, tenía a su favor que operaba sobre terreno virgen, sin reglas previas europeas. Gracias a eso se pudo elaborar un tejido sin costuras. A cambio, el gobierno de la unión económica y monetaria descansa en equilibrios institucionales bien trabados y en normas muy desarrolladas durante diez años. La operación pactada en diciembre para evitar el no británico consiste en modificar este acervo, incompleto pero sustantivo, a través de la superposición de un cuerpo extraño. La idea es que este injerto, resultado de una medicina de emergencia, se convierta a medio plazo en parte del cuerpo europeo. El riesgo es doble: que no se consiga fácilmente la ratificación del nuevo acuerdo internacional y que no funcione bien el transplante. Esto último podría ocurrir si no se da con una fórmula para contar con una Comisión que vele por los intereses generales o un Parlamento europeo que garantice el control democrático. La batalla para salvar el euro no está ganada. (more…)

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Un ejemplo de hierro

José M. de Areilza

10 de enero, 2012

A través de una interpretación magistral, Meryl Streep recupera la figura de Margaret Thatcher en la recién estrenada película «La Dama de Hierro». La trayectoria de Thatcher ofrece uno de los mejores ejemplos recientes de liderazgo, en una Europa que comienza el año con muchos desafíos y pocos estadistas. No basta con que Alemania haya impuesto su camino de austeridad. Para salvar el euro es preciso repensar el gobierno de la UE, de modo que funcione tanto en el plano democrático como en el económico y financiero. Por ello, además de la aportación de Merkel, hace falta que otros dirigentes nacionales estén dispuestos a invertir su capital político para salvar la amenazada integración monetaria, que se apoya en 17 contratos sociales bien distintos, tantos como países participantes en la moneda única. Por ahora no hay suficientes jefes de gobierno tan poseídos de espiritu integrador que arriesguen su carrera en salvar la unidad continental. Merkel y Sarkozy necesitan que Monti y Rajoy se incorporen a esta empresa de riesgos compartidos. La polémica ejecutoria de Thatcher ilustra no obstante las habilidades políticas necesarias para liderar en tiempos difíciles. La paradoja es que la menos europeísta de su generación da lecciones duraderas de gobierno en tiempos nublados para la Union Europea. (more…)

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