Cumbres y espejismos
José M. de Areilza
26 de agosto, 2011
El segundo paquete de rescate a Grecia no está cerrado y las discrepancias aumentan sobre cómo ponerlo en marcha. Al analizar esta Unión Europea en peligro, de nada sirve buscar seguridad en el espejismo de un tándem franco-alemán que ya no existe. Ángela Merkel pierde fuelle y no manda sobre a la coalición de tres partidos que sostiene su gobierno, nada propensa a dar pasos hacia la unión fiscal que apuntalaría el euro a cambio de centralizar nuevos poderes en Bruselas. No es tanto un problema de coste económico para Alemania –la elite empresarial sabe que la moneda única es un gran negocio- sino de identidad alemana, aunque también de falta de imaginación jurídica para pensar la democracia fuera del Estado. La constitucionalización de límites al déficit es una buena medida, pero para que funcione debe partir de un doble acuerdo nacional y europeo y no puede presentarse como una imposición de Berlín. Nicolás Sarkozy, ganador de la guerra de Libia, apuesta por una Unión formada por países de la eurozona, en la que Francia pueda tener máxima influencia y las instituciones desempeñen un papel secundario. Sin embargo, no ofrece una visión económica para resolver el problema del euro, una vez que los ya ensayados estímulos fiscales se han convertido en el problema. Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy no son la solución, ni pueden serlo a estas alturas de la integración. Se ha querido poner demasiadas decisiones en sus manos y en las del Consejo Europeo, la reunión de jefes de gobierno y de Estado, cuando es la institución con menos capacidad técnica, más distanciada del día a día y que menos rinde cuentas. (more…)
Una Unión Europea de iguales
José M. de Areilza
21 de julio, 2011
El año 2036 pasará a la historia de la integración europea sobre todo por haberse producido la esperada solicitud de ingreso de Alemania. Después de veinte años de vivir a espaldas de Europa, el nuevo gobierno de Berlín, formado por la coalición cristiana-turca, ha decidido poner fin a esta anómala situación tras ganar las elecciones del mes de junio. Tres semanas después, la nueva canciller, Havva Fischer, pidió la entrada en el club del que su país fue fundador hace más de ocho décadas, en un solemne acto celebrado en la gran sala del Museo del Capitolio de Roma, donde se firmó el venerable Tratado de 1957.
Es cierto que la salida de Alemania en 2016 se produjo por mutuo acuerdo, en términos amistosos, y permitió relanzar la integración económica alrededor de una moneda única con participantes más homogéneos entre sí y más dispuestos a centralizar poderes en un gobierno económico reforzado. Se evitó así el desmadejamiento del euro por la asimetría económica entre países periféricos y los del núcleo central y los desequilibrios de déficit y deuda. La marcha de los alemanes, no hay que olvidarlo, también facilitó la reforma institucional, que desde 2028 se hace obligatoriamente cada dos años por los comités parlamentarios especializados y bajo los dos principios básicos de la nueva Unión política, la igualdad entre Estados (a pesar de que todo el mundo reconoce que la centralidad política del eje París-Londres) y la limitación de poderes de la Unión. Esta idea de poderes limitados se pone en práctica con dosis de flexibilidad, tanto para experimentar nuevas políticas europeas como para renacionalizar las que se quedan obsoletas.
El regreso de Alemania se produce tras su fallido acercamiento a Rusia con quien llegó a formar una unión aduanera y energética. La malhadada asociación había llevado a Alemania a una intensa rivalidad con China por controlar los yacimientos rusos de petróleo y gas. Rusia está cada vez más de capa caída por el descenso de natalidad y el gobierno central es incapaz de controlar sus provincias más remotas y despobladas. Alemania al final no ha podido competir con el expansionismo de China y este fracaso, unido al europeísmo del pujante partido turco-alemán explican la decisión histórica de pedir la adhesión. Una noticia que fue calificada por el presidente del Gabinete Europeo, el hispano-ecuatoriano Nelson Sucre, como “el más emocionante regreso al hogar de la historia de la integración”. (more…)
Fallos de Estado
José M. de Areilza
15 de julio, 2011
En medio del huracán, la tentación es echar la culpa a la Unión de todo lo que está pasando, sin olvidar a los mercados, esa abstracción tan útil para justificar los errores propios. Mientras se prepara el segundo rescate griego, conviene recordar que la Unión Europea ha reaccionado durante estos años con medidas muy innovadoras con el fin de completar a toda velocidad el edificio a medias de la Unión Económica y Monetaria. Si no ha hecho más ha sido por la resistencia de sus Estados miembros a dotarla de nuevas competencias. Es cierto que al frente de la Comisión y del Consejo Europeo no hay grandes líderes, pero ambos presidentes fueron puestos ahí por los gobiernos nacionales. El Parlamento Europeo, por su parte, ha hecho un trabajo politico y técnico de primer orden en la tramitación de las nuevas medidas de supervision financiera y mejora de la disciplina fiscal. Francia y Alemania tratan de aparecer como los salvadores del euro, un poco a regañadientes y dejando claro que tienen asuntos más importantes de los que ocuparse. Sin embargo, ambos países son responsables de haber incumplido el Pacto de Estabilidad original durante años y luego de haberlo reformado, introduciendo flexibilidad en la interpretación de los límites de gasto público y de deuda. También París y Berlín han demorado demasiado tiempo las decisiones difíciles, desde la creación del primer fondo de rescate, nacido siete meses después de tener los datos reales sobre Grecia, a la re-estructuración más o menos encubierta en curso. De la crisis solo se sale reforzando la construcción europea y no maltratándola. Además, son necesarias políticas nacionales acertadas. El ejemplo en este sentido es el Reino Unido, fuera de la moneda única, cuyas audaces medidas de reducción del deficit le ha proporcionado el bien más preciado en esta tormenta, la credibilidad internacional.
Sentimientos encontrados
Jose M. de Areilza
17 de junio, 2011
Mientras las instituciones europeas preparan su decisión favorable a que la Unión pase a estar formada por 28 Estados miembros en 2013, el presidente de Croacia Ivo Josipovil explicaba en Bruselas que la quema de banderas europeas en su país no es nada en comparación con las protestas anti-europeas dentro de la Unión en países como Grecia o Irlanda. Este simpático político, compositor de música y experto en copyright en una vida pasada, tiene razón al subrayar el mayoritario consenso pro europeo que les anima a los croatas a dar un paso histórico, muy beneficioso a corto y medio plazo. Pero muchos en la Unión reciben la noticia del ingreso de Croacia con sentimientos encontrados. Por un lado, a pesar de la aguda crisis del euro y la falta de dinamismo del proyecto europeo, sin líderes y sin visiones atractivas, todavía son muchos los países que quieren ser socios de nuestro privilegiado club. El país balcánico ha pasado por una larga transformación y su llegada a la meta europea es una buena noticia, que revive los ideales originales del proceso de integración, paz y prosperidad compartida. (more…)
Polonia se mueve
Jose M. de Areilza
11 de junio, 2011
Polonia asumirá la presidencia de la Unión Europea en menos de un mes. En este país la guerra fría ha durado más que en otros de Europa del Este y la relación entre Varsovia y Moscú ha sido hasta hace poco muy tirante. Cualquier intento europeo, típicamente francés o alemán, de acercamiento a Rusia era visto por los polacos con mucho recelo. La historia les había enseñado a desconfiar de sus dos poderosos vecinos.
Pero dicha actitud está cambiando e incluso cabe prever que en los próximos meses la política exterior polaca muestre una actitud diferente y nueva. Por primera vez en siglos, el gobierno de Varsovia quiere actuar como puente entre Europa y Rusia y empieza a dar pasos para normalizar su relación con Moscú. Desde hace dos semanas, ya existe una troika formada por ministros de Polonia, Rusia y Alemania que trabaja de forma conjunta en materias tan importantes como seguridad o energía. A pesar del esfuerzo de EEUU de mantener una estrecha alianza con Polonia, bien ilustrado por la reciente visita del presidente Obama, el ministro polaco de Exteriores Sikorski habla de una «relación de madurez» con Washington. Se trata a todas luces una visión más transaccional que reemplaza el entusiasmo incondicional de estos años hacia los ganadores de la guerra fría por el pragmatismo y el cálculo.
En una Unión en la que Italia y España cuentan menos, Polonia podría contribuir a reorientar las prioridades hacia el Este. (more…)
La Unión Europea como estilo
Jose M. de Areilza
6 de mayo, 2011
«La pregunta ¿para qué sirve la Unión? se va a repetir una y otra vez en el futuro próximo. Aunque se enderece la Unión Económica y Monetaria, y mejoren los mecanismos de política exterior y de seguridad, cierta desconfianza es real»
Hace unos años un profesor de Oxford me confiaba al final de una larga conversación: «A medida que me hago mayor me importa más el cómo que el qué». Su consejo es aplicable más que nunca para pensar la integración europea a sus sesenta años. El debate sobre las medidas necesarias para afianzar el euro, crear estabilidad financiera y rescatar a algunos países sigue sembrado de dudas y vacilaciones. Sin embargo, desde hace un año se han dado pasos atrevidos hacia un verdadero gobierno económico de la Unión, con más innovación de lo esperado. Esta tarea no es nada fácil si tenemos en cuenta la ausencia de líderes en Bruselas y en las capitales nacionales animados por una clara visión europeísta. El problema de fondo es que, debido a las urgencias del tiempo en el que vivimos, solemos mirar al proceso de integración a corto plazo. Con el pie en el precipicio, parece que lo único importante es acertar en la ejecución de las políticas transferidas o en la elección de aquellas que aún debemos delegar en la Unión. Mientras tanto, crece una cierta desilusión ciudadana hacia algunos aspectos de la integración, tanto en los países rescatados y sometidos a durísimos ajustes como en los Estados más pujantes —Finlandia, con el ascenso del ultranacionalismo, o Alemania, donde por primera vez más de la mitad de los ciudadanos no ven a la Unión Europea formando parte de su futuro—. Si estas reservas no son objeto de análisis y no obtienen una respuesta con altura política, minarán la legitimidad europea.
Tomando prestado lo que decía Ortega y Gasset al analizar la situación española, tal vez en Europa no sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa. Un intento de explicación es que a estas alturas hemos convertido el proyecto europeo solo en un conjunto de cosas que hacemos juntos, sin más, y el afán europeo apenas incluye la reflexión sobre cómo debemos actuar desde Bruselas y conforme a qué ideales. (more…)