Catch 22 en la Unión Europea
Jose M. de Areilza
17 de noviembre, 2009
En Catch 22, la famosa novela de Joseph Heller, los pilotos de guerra que querían dejar de volar misiones muy peligrosas y se planteaban aducir locura sabían que recibirían una contestación negativa de la burocracia, porque con su petición demostraban lucidez y especial capacidad para seguir volando. La Unión Europea puede atravesar una situación parecida si con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa intenta relanzar la integración, repara en los serios dilemas políticos que tiene ante sí y no llega a afrontarlos. Es normal que a corto plazo la agenda de la Unión Europea consista una vez más en la negociación de puestos y no en los proyectos y debates que pueden reforzar este proceso histórico. En los próximos meses, por cierto, me temo que notaremos el contraste entre una abundancia de nuevos órganos unipersonales y una falta de líderes europeos con peso en las instituciones de Bruselas y en las capitales nacionales. Pero una vez termine este enésimo reparto de poder, es preciso crear una corriente que contribuya a fortalecer la integración, bajo la amenaza de anquilosarse a pesar de su enorme éxito en conjunto. No es fácil reactivar el proyecto de unidad europea, pero no hay alternativa valiosa posible.
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¡Cuando no es el fontanero, es la Coca-Cola!
Marie-José Garot
5 de noviembre, 2009
Hace poco tiempo, el Presidente Bono ordenó cambiar las latas de Coca Cola del Congreso de los Diputados por provenir de Polonia. La justificación del Presidente Bono fue que en “la casa de los Españoles” no es muy apropiado que no haya coca-cola española (sic). Pobres polacos, cuando no es el fontanero, es la Coca-Cola!
La tentación del nacionalismo es siempre muy grande en la clase política europea (recordemos que en el caso del fontanero polaco, se trataba de una contribución francesa al debate sobre la Constitución Europea). Con facilidad se piensa solo en nacional y se olvida que los Estados firmaron en su momento un Tratado cuyo principal objetivo es la consecución de un mercado común. Lo que implica la libre circulación de los distintos factores de producción, en decir de las mercancías, de las personas, de los servicios y de los capitales…
Tal vez, además de encontrar un “Rey de Europa”, nuestra clase política europea necesite volver de vez en cuando al ABC de la integración europea. Por eso, no resisto la ocasión de aprovechar este espacio para invitar nuestros lectores a informarse de las actividades del Centro de Estudios Europeos que pronto abrirá sus puertas en IE University!
A King of Europe
José M. de Areilza
November 1st, 2009
After the meeting of the European Council a few days ago, our leaders are more inclined to elect a permanent President of this institution with the profile of a ceremonial Chairman and not that of a Managing Director. The names of the Belgian Prime Minister van Rumpoy and the former Austrian Chancellor Schussel are the uninspiring frontrunners to this new job created by the Treaty of Lisbon. Tony Blair seems to have been discarded (vetoed?) for his atlanticism, which is another way of saying his good sense –pity that he had to work during his tenure as prime minister with George W. Bush in the White House. Well, since Paris and Berlin agree –surprise, surprise- that no heavyweight should be at the helm of the European Council, and since the system of election is truly medieval and no democratic methodology is used at all, why not innovate and look for the best person capable of symbolizing Europe & exercising moral power? Why not a well chosen member of a European royal family? After all, half a dozen Member States are constitutional Monarchies and royal families do represent the history and tradition of the continent and usually know how to stay above politics. I am sure that we can find a Prince or a Princess that speaks five languages, has a great education and all the political skills that is demanded by this top job -and is willing to spend 2 and a half years reigning in Brussels.
La limitación de los mandatos en la Comisión
Christian Bulzomí
Isabel Yglesias Julià
15 de octubre de 2009
Hace poco mantuvimos una interesante conversación sobre la oportunidad de limitar la renovación de los mandatos en la CE. Christian expuso sus tesis e Isabel le contradijo constantemente, como hace siempre… Ninguno de los dos convenció al otro, pero nos preguntamos qué pensarían otros sobre el tema, por lo que hemos decidido compartir con Ustedes este debate:
Christian:
El reciente nombramiento de Barroso a la presidencia de la Comisión Europea me ha llevado a pensar en la oportunidad de limitar los mandatos del Presidente de la Comisión. De hecho, considerando la originalidad del sistema institucional europeo, he llegado a la conclusión que idealmente el mandato del presidente de la Comisión Europea no debería ser renovable.
El sistema de designación del Presidente de la Comisión por el Consejo por mayoría cualificada puede condicionar las tomas de decisiones del propio Presidente, que necesita el apoyo de determinados Jefes de Gobierno (y, sobre todo, de los de los grandes países) para conseguir un segundo mandato. Por lo tanto, en el último año de su mandato, el Presidente de la Comisión podría verse “obligado” a retrasar las conversaciones sobre determinados asuntos, los procedimientos de infracción más delicados, etc., para asegurarse el apoyo de los gobiernos para su reelección.
Isabel:
De entrada, te confieso que tu idea no me convence mucho. En principio, la mera posibilidad de poder ser reelegidos constituye la base de todo juego democrático, o como mínimo el estímulo para esforzarse al máximo durante un primer mandato. Además, y sobre todo, si el mandato no fuera renovable, el único riesgo en el que podría incurrir el Presidente de la Comisión por su mala gestión sería una improbable moción de censura, ¿no? ¿Qué motivación para un verdadero esfuerzo tendría un Presidente de la Comisión que no pudiera ser reelegido? ¿Cuánto se esforzaría en llevar hasta sus últimas consecuencias los procedimientos de infracción, por ejemplo? (more…)
Completing Europe
J. Ignacio Torreblanca
September 23, 2009
Conservative blue in origin, ecological green with time, lefty red when it suits the occasion and, above all, astute and chameleon-like, José Manuel Durão Barroso has just won another term as president of the European Commission, with a clear majority. The phrase “my party is Europe” sums up the catch-all philosophy that has carried him to victory. But is this to be a great step for Barroso, and only a rather small step for Europe?
The next five years may be remembered as the last chance Europe had to be relevant in the world. When we look at the European Union we now have, we see cracks, tears, plans left hanging in the air; risks but also opportunities. (more…)
Completar Europa
J. Ignacio Torreblanca
23 de Septiembre, 2009
Azul de origen, verde con el tiempo y rojo según la ocasión, un Barroso tan astuto como camaleónico ha logrado repetir en la presidencia de la Comisión Europea, y con una mayoría a prueba de tratados. La frase “mi partido es Europa” resume perfectamente la filosofía atrapalotodo que le ha llevado a la victoria. Dándole la vuelta a la famosa frase de Neil Armstrong al llegar a la Luna, se trata de un gran paso para Barroso. Ahora bien, ¿cómo asegurarse de que no sea un pequeño paso para Europa?
De una forma tan sencilla como dramática: los próximos cinco años podrían ser recordados como la última oportunidad que tuvo Europa de ser relevante en el mundo. La crisis económica ha mostrado que, tanto hacia fuera como hacia dentro, Europa está sin completar. Claro que Europa es un orden de libertad abierto, así que será siempre un proyecto inacabado, y es bueno que así sea. Pero ello no obsta para que, mirando a esta Europa, la Europa presente, detectemos grietas, jirones, proyectos que han quedado en el aire y riesgos importantes, también oportunidades. (more…)