Alemania y el Tratado de Lisboa
Marie-José Garot
28 de Enero, 2009
Todavía faltan algunos obstáculos por superar para que el Tratado de Lisboa pueda entrar en vigor. Además de la República Checa, Polonia e Irlanda que tienen que ratificar el Tratado, el tren de la ratificación podría estar parado varios meses en Berlín.
Es verdad que las dos cámaras alemanas dieron su acuerdo a la ratificación del texto en la primavera pasada y que el Presidente de la República Federal Horst Köhler firmo la ley de ratificación. Sin embargo, para concluir el proceso de ratificación, falta una última formalidad: firmar el instrumento de ratificación. El Presidente no quiere hacerlo hasta que el Tribunal Constitucional Alemán se pronuncie sobre varios recursos pendientes en contra del Tratado de Lisboa. Uno de ellos fue presentado por Peter Gauweiler, diputado conservador (CSU) del Bundestag, retomando argumentos ya empleados con ocasión del proceso de ratificación del Tratado de Maastricht (de hecho el abogado de Gauweiler es el Prof. Schachtschneider que oficio también en el recurso de 1992), Gauweiler sostiene que el Tratado de Lisboa priva a los ciudadanos alemanes de sus derechos fundamentales al transferir parte de la soberanía del pueblo alemán a la Unión Europea llevando, por consiguiente, a debilitar su representación en el Parlamento alemán y a permitir que un tribunal no nacional pueda decidir sobre esos derechos. El Tribunal Constitucional anuncio recientemente que dedicaría en febrero dos días de audiencia para debatir del caso (hecho extraordinario en la práctica del alto tribunal).
Pero, además de ese recurso, un grupo de políticos y economistas acaban de anunciar la interposición de un nuevo recurso basado en aspectos políticos y económicos tales como: los continuos incumplimientos del pacto de estabilidad o los supuestos de abuso de poder de la Comisión Europea …. El Tribunal Constitucional alemán tiene que decidir si admite el recurso. Lo único cierto es que si lo hace, la ratificación definitiva del Tratado de Lisboa en Alemania podría tardar todavía algunos meses más. Lo que significa que estamos lejos de las previsiones que calculaban que el Tratado de Lisboa entraría en vigor a lo largo del año 2009. A mayor abundamiento, quedan pendientes muchas incógnitas propias de todo sistema democrático como por ejemplo ¿Qué hará el pueblo irlandés ante el segundo referéndum?, con el riesgo añadido de un sistema en el cual la unanimidad es la regla para que un Tratado pueda entrar en vigor.
De Paris a Praga
José M. de Areilza
4 de Enero, 2009
Nicolas Sarkozy ha llegado al final de su presidencia europea después de seis meses trepidantes tanto por el ritmo que se ha impuesto a sí mismo en sus tareas europeas, como por la magnitud de la crisis económica que condiciona cualquier iniciativa política pasada y futura. Hay razones para afirmar que ha ejercido una presidencia de corte nacionalista, pero también para apreciar sus aportaciones europeístas -si no te gusta lo que hace el contradictorio Sarkozy, espera cinco minutos-. El balance es importante en vista de la mucho más modesta y euroescéptica presidencia checa que se iniciará con el nuevo año.
En todo caso, es necesario relativizar primero, en cierta medida, la disyuntiva nacionalismo-europeísmo. Una de las mayores virtudes de la integración es que el modelo está pensado para fomentar la compatibilidad entre lealtades nacionales y aspiración europea. Por eso el verdadero europeísmo siempre tiene una conexión con los intereses nacionales, reformulados con espíritu de solidaridad y guiados por una visión atractiva a largo plazo. Cualquier presidencia semestral, por lo tanto, formula sus objetivos y prioridades desde su sensibilidad nacional y teniendo en cuenta su situación doméstica y su electorado. Luego, las normas europeas, las instituciones y los procedimientos de toma de decisión constriñen y modulan estos intereses para agregar muchos otros y lograr una síntesis aceptable para todos o casi todos.
A la recherche d’une citoyenneté perdue…
Marie-José Garot
14 Juillet, 2008
Les hypothèses avancées pour remédier à la crise ouverte par le non irlandais et en particulier, la convocation d’un nouveau référendum en Irlande illustrent une certaine schizophrénie démocratique, en même temps qu’un infantilisme citoyen. La schizophrénie démocratique s’exprime ainsi : alors que l’Union européenne se fonde, selon l’article 6 du Traité sur l’Union européenne, sur « les principes de la liberté, de la démocratie, du respect des droits de l’homme et des libertés fondamentales, ainsi que de l’État de droit, principes qui sont communs aux États membres », les résultats du référendum irlandais, bien que parfaitement légitimes, ne semblent pas devoir être en pris en compte. Il se passe comme s’il s’agissait d’une simple erreur de parcours qu’un nouveau référendum, après quelques concessions, devrait arranger. Rappelons qu’il y a trois ans déjà, personne n’avait osé proposer une telle possibilité à la France ou aux Pays-Bas.
Non seulement, il est fait peu de cas de la démocratie en Irlande, mais en plus, ce genre d’attitude mène à déresponsabiliser les citoyens. Leur vote n’ayant aucune conséquence (s’ils ne votent pas « comme il faut », c’est simple, ils revotent), tout est pratiquement permis. Il semble que dans la démocratie européenne, toute opposition doive être découragée (comme conséquence d’une nécessaire ratification unanime des Traités) ainsi que tout sens de responsabilité citoyenne. Peut-être est-il venu alors le temps de chercher les moyens qui forcent à mettre les citoyens devant leurs responsabilités. Malgré le coût terrible que cela peut représenter (on peut penser par exemple à une Europe à plusieurs vitesses), il est temps qu’un « chat soit un chat », un non, un non et un oui, un oui.
Europa sin velocidad
José M. de Areilza
2 de julio, 2008
El presidente polaco Lech Kaczynski ha decidido no firmar por ahora el Tratado de Lisboa, a la vista del no irlandés y de las dudas checas, y aprovechando que Alemania anunció el lunes que su Tribunal Constitucional debe pronunciarse sobre el nuevo texto y que no lo hará antes de principios de 2009. Con estas noticias se han complicado las posibilidades de que entren en vigor a corto plazo las reformas europeas. Por fortuna, el gemelo Kaczynski no representa el sentir de la mayoría de los polacos, pero está dispuesto a usar a su favor las debilidades presentes de la Unión para crecer en votos con un discurso a partes iguales nacionalista y populista. El caso alemán es más peliagudo. Angela Merkel encabezó hace unos días en el Consejo Europeo el grupo de líderes europeos decididos a proseguir la ratificación de Lisboa a pesar del no irlandés, dando por hecho que su país tenía vía libre para hacerlo. Como acostumbra a hacer últimamente en foros internacionales, la canciller adoptó un tono de superioridad moral para recordar a los demás cuáles eran sus deberes. El presidente de la República Federal, Horst Koehler, ha tenido que frenarla in extremis y recordarla que hay dos pleitos constitucionales pendientes sobre el Tratado de Lisboa y que por lo tanto la ratificación alemana tiene que esperar.
De este modo, ayer Nicolas Sarkozy empezó su presidencia semestral de la UE con un dolor de cabeza más, mientras su ministro Kouchner, mucho mejor médico que diplomático, amenazaba con volar los procesos de ampliación pendientes en respuesta a los noes, titubeos y retrasos en la firma del nuevo Tratado. El problema de fondo no es tanto el retraso seguro en la aplicación de unas nuevas reglas del juego, que facilitan la toma de decisiones europea. Lo grave es el bloqueo psicológico (more…)
Ahora, los checos
José M. de Areilza
23 de junio, 2008
La cumbre europea de la semana pasada empezó con la buena noticia de la ratificación británica al Tratado de Lisboa, que atemperaba la preocupación por el “no” irlandés. Pero la reunión de los líderes europeos ha acabado con tono pesimista, al aceptar las dificultades legales de la República Checa para ratificar este texto. Angela Merkel y Nicolás Sarkozy han intentado minimizar el resultado del referéndum en la isla del Eire y el pleito constitucional checo. Los han presentado como dos incidentes menores e incluso han cuestionado la actual unanimidad que exigen los Tratados para la entrada en vigor de las reformas europeas. Se trata de una actitud poco democrática y contraproducente para lograr que un día todos los Estados miembros aprueben las nuevas reglas del juego de Lisboa, una serie de avances globalmente necesarios, que en el plano institucional benefician claramente a Berlín y en menor medida a París.
El Consejo Europeo ha acordado que el proceso de ratificación no debe suspenderse. En relación al “no” irlandés todo indica que en junio de 2009 podría celebrarse un segundo referéndum con interpretaciones y explicaciones añadidas al texto rechazado, al igual que ocurrió en 2002 con el Tratado de Niza. Pero entre tanto es posible que los checos también digan “no” y abran otro frente de crisis. El Senado de esta república centroeuropea ha solicitado que el Tribunal constitucional decida si el Tratado de Lisboa es conforme con la Constitución nacional. Al mismo tiempo, los checos irán a las urnas en Octubre en un clima de euro-escepticismo. El presidente Vaclav Klaus ha declarado que el texto de Lisboa está muerto (y se ha ofrecido desde el hospital para redactar en dos tardes uno mejor) y el primer ministro ha dicho que él no apostaría “ni tres euros” a favor del éxito de la ratificación parlamentaria, contando con que el alto Tribunal da luz verde. (more…)
The quest for a “Plan C”
Charlotte Leskinen
June 19, 2008
For the second time in the last three years, the European Union faces the challenge of finding a solution to an institutional crisis. In 2005, the European Constitution was rejected by the French and the Dutch, and last Thursday the Irish rejected the Treaty of Lisbon, a revised version of the Constitution.
Several options for how the EU should now proceed have been put forward by politicians and academics these last days. It has been suggested that a group of Member States could move forwarded in the form of reinforced cooperation or that the Treaty should only apply to 26 countries. However, legally the Treaty of Lisbon will not enter into force before it has been ratified by all Member States and as long as Ireland (or any other Member State that has not yet ratified the Treaty) does not do so, it will not be possible to only apply it to the Member States that have ratified it. (more…)