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Ideas, debates, analysis et al.

Europa, ¿nueva Atlántida?

 Fidel Sendagorta

9 de octubre, 2011

La salida de uno o más países de la unión monetaria o la reconstitución de una zona euro restringida  a unos pocos estados en torno a Alemania eran hipótesis extravagantes hace apenas un año y en cambio son ahora escenarios que los mejores analistas financieros sopesan a diario. Pensar lo imposible se ha convertido en una norma de elemental prudencia. Y es que no estamos, como en Estados Unidos, ante una grave crisis de deuda conjugada con la amenaza de una nueva recesión, sino que en Europa se añade además el cuestionamiento de la moneda única y, en definitiva, del propio proceso de integración que hizo del euro su buque insignia.

En estos momentos de tribulación se empiezan a alzar voces en los países de mayor solvencia financiera en contra de los rescates a los estados de la periferia tachados de manirrotos, y a favor de un egoísmo sagrado que suena a sálvese quien pueda. Los cálculos nacionales empiezan a expresarse cada vez con mayor crudeza y los argumentos en defensa del interés general europeo encuentran un eco nulo en ciertos sectores del electorado que empiezan a votar sin remilgos por opciones abiertamente antieuropeas. Pero no se trata solo de unas minorías seducidas por un discurso demagógico. Lo más inquietante de la actual crisis financiera es que coincide con el problema político de la creciente desafección social hacia la Unión Europea en muchos de sus Estados miembros, lo que dificulta enormemente la aplicación de medidas que pasen por una mayor integración. Este desapego hacia el proyecto europeo viene arrastrado de la década anterior y sería largo extenderse sobre sus causas. Baste señalar que muchos ciudadanos temen que la transferencia de competencias a Bruselas vacíe de contenido a los estados nacionales, únicos marcos creíbles de la democracia política y de la cohesión social, aunque no sea más que por razones de proximidad y lengua. Estas inquietudes son legítimas y lo cierto es que las élites europeas no han sabido tranquilizar a los ciudadanos sobre una Unión Europea que debiera reforzar a las democracias nacionales y no competir con ellas. (more…)

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Cita con el destino

Fidel Sendagorta

20 de julio, 2011

Hace unos pocos días, el Ministro de Finanzas italiano, Giulio Tremonti, se refirió a la actual crisis de la deuda en estos términos: “Europa tiene ahora una cita con el destino y al igual que sucedió con el Titanic, los pasajeros de primera clase no están a salvo”. Sus palabras dieron enseguida la vuelta al continente y a nadie se le escapó la referencia ,apenas velada, a Alemania. ¿Dramatizaba excesivamente el Ministro Tremonti? No lo cree así Larry Summers que terminaba un reciente artículo en el FT con otra frase cargada de augurios: “las próximas semanas pueden ser las más importantes en la Historia de la UE”. Porque sin duda no estamos ante una crisis de liquidez de un país o ante un problema en la periferia de la UE que pueda aislarse del resto, sino de un desafío en toda regla a la propia existencia de la Unión Monetaria que pondría al borde del abismo al proyecto mismo de integración europea.

La crisis llega además en un momento poco propicio para las grandes visiones europeístas. Porque como explica José María de Areilza, se da la paradoja de que el grave momento económico exige respuestas que implican una mayor integración, pero al mismo tiempo, los diferentes gobiernos perciben que estas soluciones no son viables políticamente porque sus ciudadanos no desean una mayor transferencia de poder hacia las instituciones de Bruselas. Pero si los líderes europeos solo miraran a sus votantes el acuerdo sería imposible. En efecto, los ciudadanos de los países acreedores no parecen dispuestos a aceptar que sus impuestos sirvan para sacar del agujero a los países que consideran manirrotos, pero a su vez los nacionales de los estados deudores no podrán soportar los drásticos programas de austeridad que se les ha impuesto si no existe un horizonte razonable de recuperación económica. (more…)

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The Euro Argument

Fidel Sendagorta

March 28, 2010

We are all in debt with Greece. Thanks to its unfortunate indebtedness, we finally have in Europe a fascinating and substantial debate on the euro and its sustainability. The exhausting and depressing experience of devoting our best energies for ten years to the cause of institutional reforms had left us a bitter aftertaste –and it was definitely not worth it. But now we can forget this bad experience and face a real challenge. The debate on the euro deals with one of the most visible and obvious aspects of the European integration in the daily lives of millions of citizens. And it is about one of the more risky aspects of integration: after all, there are not many current or past currencies not backed by a single State.

Suddenly, the experiment could not be irreversible, in spite of having finally learned to calculate in euros without the tiresome need to convert into old currencies. Some talk, with very bad manners, about showing Greece the door- and then others? Some more well mannered suggest allowing a country out of monetary union for some time, so it can return once it has placed its accounts in order, with the help of “de facto” devaluation. A more imaginative and malicious banker proposes to use the fiscal distinction North / South between stringent and relaxed European countries to be reflected in a division of the euro in two currencies: the “neuro” and the “sudo”(read “pseudo”) . A joke which has the merit of exposing a popular narrative of the dilemmas of the euro based on the timeless fable of the grasshopper and the ant.

Beyond the speculative exuberance of economists, political visions about the future viability of the euro could be classified into the following categories:

First, the apocalyptic puritans such as Krugman, who consider Europeans have to pay dearly now for the original sin of the arrogant over-ambition of the leaders who gave birth to the euro. (more…)

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La querella del euro

Fidel Sendagorta

25 de marzo, 2010

Estamos en deuda con Grecia: gracias a su desgraciado endeudamiento tenemos por fin en Europa un debate sabroso y sustancial sobre el euro y su sostenibilidad. La experiencia agotadora y depresiva de haber dedicado nuestras mejores energías de los últimos diez años a una causa –la de las reformas institucionales- que seguramente no lo merecía, nos había dejado un regusto amargo. Pero ahora podemos quitarnos el mal sabor de boca con un plato de gusto. Porque se trata sin duda de un debate que toca a uno de los aspectos más visibles y evidentes de la integración europea en la existencia cotidiana de millones de ciudadanos, como es la moneda. Y al mismo tiempo,  que afecta a una de las facetas más experimentales de esa misma integración, ya que no hay muchos precedentes presentes o pasados de una moneda que no esté respaldada por un estado.

De golpe, el experimento (que dábamos ya por consolidado después de acostumbrarnos por fin a calcular en euros sin necesidad de hacer la engorrosa conversión a las viejas monedas) resulta que podría no ser irreversible. Unos hablan, con muy malos modos, de enseñarle a Grecia -¿y después a otros?- el camino de la puerta. Algunos más complacientes proponen que se permita a un país salir de la unión monetaria por un cierto tiempo, para volver una vez haya puesto sus cuentas en orden, con la ayuda de una devaluación de hecho. Un banquero más imaginativo y malicioso propone  que la diferencia norte/sur en Europa entre países fiscalmente rigurosos y relajados se refleje en una división del euro en dos monedas: el “neuro” y el “sudo” (pronúnciese “pseudo” en inglés). Una guasa que tiene el mérito de desvelar un relato bien vigente de los dilemas del euro solidamente construido sobre la fábula intemporal de la cigarra y la hormiga. (more…)

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The Baroness and the haiku writer

Fidel Sendagorta

November 23, 2009

The appointments of Herman Van Rompuy and Catherine Ashton to the new top jobs  created by the Treaty of Lisbon have been received with general disappointment, even scorn. Political commentators all around the continent have concluded that a bunch of  mediocre Heads of  Government have decided on a couple of politicians even greyer than themselves just to make sure that they will not shine with their own light. It is true that, as George Parker put it at the FT, the European leaders wanted to assert the supremacy of the nation state: the new president and foreign policy chief would be the servants, not the masters, of national capitals. The irony is that this would happen precisely when the common institutions have been strengthened thanks to the new Treaty. So, at the end of the day, national governments that were ready in the past to choose strong personalities like Jacques Delors or Javier Solana for the top Europeans jobs, prefer now to appoint lower profile people for fear of their offices becoming much too powerful.

But to be fair, our leaders are not out of tune with what their peoples want. And the fact is that there is no appetite in Europe for world power and what it takes to get it. We are actually quite comfortable with the reality –if not with the notion- of a Europe Great Switzerland, wealthy, peaceful and weary of foreign entanglements. If that is the case, we should adapt our objectives accordingly: downgrading our ambitions and using our scarce energies to navigate our decline safely for as long as possible. Our first goal should be to preserve and adapt the best of our heritage to draw from it the wisdom we need to operate in an international environment in which Europe’s influence will be slowly but constantly eroding over the next decades. (more…)

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El Buen Juicio de los Jueces

Fidel Sendagorta

16 de julio, 2009

En los últimos días algunos expertos en integración europea se han pronunciado muy críticamente sobre las condiciones impuestas por el Tribunal Constitucional alemán para declarar compatible el Tratado de Lisboa con la Ley Fundamental de Bonn.  José Mª de Areilza se lamentaba en un post reciente de que el Tribunal alemán sustente su decisión en una comprensión escasamente sofisticada de la relación jurídico-política entre los tratados europeos y las constituciones nacionales, lo que trasluce una desconfianza de fondo sobre la integración con una visión muy simplista según la cual “o todos alemanes, o todos europeos”.  Por su parte, Wolfgang Münchau concluye, en su columna del Financial Times, que el Tribunal Constitucional alemán ha detenido de hecho la integración europea en el punto actual al establecer que Alemania debe conservar la plena soberanía sobre las áreas siguientes: derecho penal, policía, operaciones militares, política fiscal, política social, educación, cultura, medios de comunicación y relaciones con los grupos religiosos.  El Tratado de Lisboa sería por tanto el último gran tratado del proceso de construcción europea.  Münchau critica especialmente la inclusión en esta lista de la política fiscal ya que, en su opinión, el mantenimiento de las decisiones políticas en este campo en el nivel nacional no es compatible a largo plazo con la preservación de una moneda única. (more…)

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