El bálsamo de Fierabrás
Stan Ford
31 de mayo, 2012
Según la leyenda carolingia este bálsamo milagroso, que cura todos los males, lo encuentran en Roma Fierabrás y su padre, el rey sarraceno Balan, en unos barriles que contenían el bálsamo con que se ungió a Jesucristo al descenso de la Cruz.
La situación de España, con el déficit público disparado, la economía bajo mínimos, el desempleo en máximos históricos, la prima de riesgo en zona de intervención y el sector bancario en graves dificultadas, parece pedir una solución milagrosa. Quizá por ello buen número de voces de sindicatos, partidos políticos, y medios de comunicación proponen su propio bálsamo de Fierabrás: aumentar la inversión y el gasto público para fomentar el crecimiento. Esto, desde mi punto de vista no es una política deseable ni posible por varios motivos.
El primero es que España, en los años del boom 2003 – 2007, aumentó fuertemente el gasto público y una parte considerable de este aumento no fue a mejorar los servicios al ciudadano, sino a aumentar las estructuras administrativas, políticas y sindicales y a pagar gastos prescindibles. (more…)
Canutos
Richard Jubilee
15 de diciembre, 2011
¿El método comunitario? Ha mutado. Hemos pasado (por voluntad de nuestros líderes) de una comunidad de derecho a una comunidad de liderazgo. En la lógica anterior la Comisión, guardiana de los Tratados, y el Tribunal de Justicia, mediante una interpretación teleológica de los mismos, hacían avanzar lenta pero inexorablemente el proyecto común de integración. Con el Tratado de Lisboa se formaliza jurídicamente una lógica diferente, que en lo político ya estaba presente: el centro de gravedad de la construcción europea pasa de la Comisión al Consejo Europeo, con una consecuencia directa: más visibilidad y menos resultados. A nadie puede sorprender ese desenlace. El público del Consejo Europeo es diferente al de la Comisión, son ya directamente las opiniones públicas de cada uno de los Jefes de Estado y de Gobierno, que deben aprovechar el escenario que les es ofrecido para mostrar que han defendido eficazmente el interés nacional.
Durante estos últimos años el tinglado ha funcionado bastante bien porque era hasta cierto punto irrelevante. En la Unión Europea nos hemos acostumbrado a encontrar entre nosotros fórmulas para que cada cual pueda llevarse a casa lo que necesita. Nos hemos acostumbrado a que las soluciones de compromiso sean soluciones suficientes porque el parámetro de la “suficiencia” era también definido internamente. Lo que era posible consensuar era aceptable.
La actual inadecuación entre el método europeo y sus resultados en lo que se refiere a la reacción a la crisis económica internacional trae por causa que la Unión sigue aplicando ese parámetro interno convencional sin haber interiorizado que la verificación de la suficiencia no es en este campo una cuestión que pueda decidirse por unanimidad, ni tan siquiera por mayoría cualificada, sino que es externa, que viene dada, con independencia de lo que digan las Conclusiones del Consejo Europeo.
Nuestros líderes no quieren, como el rey Canuto derrotar al mar, sino negociar entre sí su retirada, cada uno con la vista puesta en su respectiva opinión pública. Mientras, la tormenta marina sigue cogiendo empuje. Cada vez estamos más cerca de un desastre (también para la construcción europea) cada vez más difícil de evitar.
¿Reforma de los Tratados? Dos por el precio de una
Diego Gardoqui
10 de diciembre, 2011
Al final no será dentro de los actuales Tratados, por las objeciones británicas, pero los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE decidieron ir adelante con el proyecto de unión fiscal que complete la insuficiente unión monetaria. Pero por muy coherente que sea este enfoque, su recorrido puede ser muy corto si no cuenta con el apoyo de los ciudadanos, que en algunos países clave de la UE han mostrado un creciente desapego hacia la integración europea y un escaso apetito por nuevas transferencias de poder hacia Bruselas. El motivo es que estos ciudadanos, que saben que con su voto pueden cambiar a sus gobiernos si están descontentos con ellos, se sienten impotentes para influir políticamente en Bruselas, donde ese embrión de gobierno europeo que es la Comisión no tiene un mandato popular.
Para remediar este persistente déficit democrático se decidió en su día elegir un Parlamento Europeo por sufragio universal. Como tantas cosas en el proyecto europeo se trataba de un experimento y, por lo tanto, si aplicamos el método del ensayo y error, concluiremos que ha llegado la hora de reconocer que ha sido una prueba fallida. Se ha constatado en efecto que es una institución sin arraigo popular cuyas elecciones tienen unos índices de abstención que habrían encendido todas las alarmas si se produjeran a nivel nacional. Los ciudadanos no miran hacia el Parlamento Europeo porque no esperan nada de él, por muy meritoria que sea la labor que allí realizan los eurodiputados. Y en toda esta crisis del euro, el drama está en el Parlamento italiano o en el griego: el Parlamento itinerante de Bruselas a Estrasburgo ha sido perfectamente invisible.
Si el intento federalista de crear una democracia a escala europea no ha funcionado y corre además el peligro de arrastrar en su descrédito a las instituciones europeas en su conjunto, la solución solo podrá encontrarse en un fortalecimiento de las democracias nacionales en el marco de la Unión Europea. En este sentido, ahora se presenta una oportunidad de oro: mientras se formula el nuevo Tratado que consagra la unión fiscal, ¿por qué no aprovechar para negociar una reforma de los Tratados que inyecte una dosis de legitimidad democrática en el proceso de integración? Para ello existe una fórmula que no es la panacea pero tiene la ventaja de ser relativamente sencilla de aplicar: regresar a un Parlamento Europeo compuesto por miembros de los Parlamentos nacionales, reconociendo así que es en estos últimos donde se dice la última palabra en nuestra permanente conversación europea. De un golpe acercaríamos los Parlamentos nacionales a los centros de decisión en Bruselas, lograríamos contar con un buen número de diputados especializados en asuntos europeos y nos libraríamos del fastidio de las actuales campañas electorales para el Parlamento Europeo, cuya única función estriba en repetir los debates nacionales para un electorado con déficit de atención.
Joseph Weiler ha criticado con dureza ese mensaje de los mandarines europeos de “Es la hora de más Europa, no queda otra opción”, que tanto irrita a los ciudadanos. Esta reforma del Parlamento Europeo que aquí se propone podría servir para que los líderes demuestren a sus votantes que están a la escucha de sus legítimas preocupaciones y que estos nuevos avances en la integración no se harán a costa del necesario control democrático.
La banca como problema: motivos y soluciones
Stan Ford
15 de noviembre, 20011
La banca ha sido la principal causante de la recesión actual, es ahora uno de los obstáculos para salir de ella y parece probable que genere la próxima. Esta es la opinión, en todo el mundo, de la mayoría de los ciudadanos y también de la clase política.
Tienen razón los críticos? Pienso que sí: la banca es más costosa y aporta menos a la sociedad que nunca. Hay tres razones para ello:
-La apertura de los bancos a una serie de negocios distintos, que aportan beneficios para los bancos a costa de aumentar el riesgo global en el sistema financiero.
-El completo control de los bancos por sus ejecutivos, prácticamente sin influencia de sus dueños, los accionistas.
-La concentración de poder y dinero en los grandes bancos, lo que dificulta poner límites a estas actividades.
Vamos a ver cada una.
A) Acumulación de negocios distintos.
La llamada banca global hace fundamentalmente cinco cosas:
-Tomar depósitos y prestar dinero, gana con el diferencial entre el coste de los depósitos y la renta de los créditos, y debe tener recursos propios suficientes para cubrir posibles fallidos.
-Manejar el dinero de terceros: gestión de fondos, banca privada.
-Manejar su propio dinero, tomando posiciones de riesgo propias.
-Crear productos financieros y colocarlos en el mercado, e intermediar productos financieros de terceros. Desde productos para financiación propia – acciones, bonos, bonos convertibles – hasta hipotecas titulizadas, cobertura de riesgos (CDS, credit default swaps), productos artificiales (como CDOs. Collateralized debt obligations) y demás parafernalia. El abuso de esta actividad fué la principal causa de la crisis bancaria.
-Ayudar a las empresas a obtener dinero de terceros – colocación de bonos y ampliaciones de capital, salidas a bolsa- y asesorar y ayudar a empresas para takeovers, desinversiones y un largo etcétera. (more…)
Never give a sucker a break
Stan Ford
6 de septiembre, 2010
Nunca des una oportunidad a un pardillo. Esta frase, tan poco amable, del acervo americano parece que ha sido, al menos en los últimos años, el primer mandamiento de los nuevos masters del universo (Tom Wolfe dixit) de Wall Street. Estos graduados de Harvard, Wharton o Stanford, expertos en complejos productos financieros basados en derivados, que pueden obtener ingresos de siete cifras entre salario y bonus, nunca debieron tener la sensación de que las instituciones o particulares que hacían cola para adquirir sus productos eran sus clientes y que su obligación era hacerles ganar dinero. Pueda demostrarse o no, no es creíble que profesionales de banca de muchos años pudieran pensar que los tomadores insolventes de hipotecas de bastantes cientos de miles de dólares fueran a pagarlas nunca, y por tanto los bonos basados en estas hipotecas jamás se podrían cobrar. La norma ha sido crear productos que los clientes estuvieran dispuestos a comprar, vestirlos lo mejor posible – bajo riesgo según las agencias de rating, nombres fiables de los colocadores – y que el producto estuviera colocado y por tanto fuera del balance del banco que les paga antes de que tenga problemas. (more…)
Siempre caigo en los mismos errores
Stan Ford
31 de Mayo, 2010
El estribillo de una ranchera de Jose Alfredo Jiménez dice: “Nada me han enseñado los años / siempre caigo en los mismos errores / otra vez a brindar con extraños / y a llorar por los mismos dolores.” No sé si los recientes presidentes del gobierno español brindan con extraños fuera de las reuniones del G-20, pero sin duda lloran por los mismos dolores, en particular la baja consideración que merecen, a los ojos de los medios de comunicación, sus insignes cualidades en la gestión pública.
También coinciden en el tratamiento para remediar tamaño desafuero: la creación de un nuevo grupo de comunicación que les permita leer el periódico o ver el telediario con la seguridad de no sufrir sobresalto alguno. Dirán ustedes que para eso está Televisión Española, pero en TVE, con la oposición en el consejo y algún redactor crítico, hay que mantener, aunque sea sin excesos, las formas. Son mejores los medios expresamente diseñados para la mayor gloria del prócer.
Abrió el camino el gobierno de Felipe González, que arrastró a Germán Sánchez y el grupo Anaya en la aventura del diario “El Sol”, del que salieron dos años después mucho más pobres y sin periódico. Siguió el ejemplo, corregido y aumentado, el gobierno de José María Aznar, que embarcó al grupo Planeta en el proyecto de “La Razón”, desmantelando ABC (que, por aquel entonces, tenía veleidades centristas) e indujo a Villalonga, con el dinero de los accionistas de Telefónica, a tomar el control de Antena 3 y a lanzar Via Digital, que acabó, tras perder cantidades estratosféricas, en manos del enemigo.
Por último el gobierno de Zapatero, a quien Javier Pradera le debe parecer tibio y la aportación de la cadena SER para ponerle en el lugar que ocupa insuficiente, apoya a un grupo en torno a Media Pro, con Jaume Roures de cabeza visible (no se sabe con exactitud quién pone el mucho dinero necesario) con diario, “El Público”, cadena de televisión, “la Sexta”, y derechos de fútbol comprometidos (que no pagados) a precio de oro, todo ello con pérdidas ingentes. El principal perjudicado es el grupo PRISA, que no por ello ha cambiado (aunque sí matizado algo) su apoyo al gobierno. (more…)