Superavit democrático
José M. de Areilza
24 de marzo, 2013
La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la ejecución de hipotecas con cláusulas abusivas ha sido justamente celebrada como una victoria del Estado de Derecho. La decisión ayudará a poner fin a la frecuente desprotección de los ciudadanos en los procedimientos de desahucio que tienen lugar en nuestro país, ya que apodera a los jueces nacionales y aclara su papel a la hora de proteger al consumidor aplicando la normativa europea sobre cláusulas abusivas. En presencia de tales pactos, se puede interpretar que los jueces encargados de la ejecución de un inmueble pueden considerarlos nulos para evitar que propietario no tenga que ver primero cómo pierde su vivienda y luego reclamar daños y perjuicios. Esta sentencia del Tribunal de Luxemburgo es tan solo un ejemplo de las ventajas de ser miembros de la Unión Europea, una pertenencia cada vez más criticada y puesta en duda por muchos europeos, entre ellos no pocos españoles.
Los efectos de la larga crisis económica, los problemas de la moneda común, que han llevado a una peligrosa división de la Unión Europea en países acreedores y países deudores, y la falta de un discurso europeo movilizador han hecho que muchos ciudadanos pierdan la confianza en las instituciones comunitarias. La acusación populista más frecuente a este nivel de gobierno es la falta completa de democracia en su toma de decisiones, por el papel preponderante de los expertos en la actual política de Bruselas, volcada en el rediseño del euro, y por el peso creciente de una Alemania segura de sí misma pero sin una visión atractiva de Europa. Para desmontar la falsa imputación de un extenso déficit democrático hay que recordar que las decisiones europeas están respaldadas por los Gobiernos nacionales y los representantes de los ciudadanos directamente elegidos en el Parlamento Europeo. También, que la integración europea no parte de un pueblo europeo pre-existente, sobre el que articular de modo sencillo un modelo estatal de democracia, sino de 27 democracias nacionales, cada una con identidad y su peculiar sistema constitucional, lo que obliga a componer intereses de una manera más experimental y compleja, en un territorio inexplorado, el de la democracia fuera del Estado, al tiempo que se mejoran en cada reforma de los tratados los pesos y contrapesos del poder europeo. Hace unos años uno de los mejores constitucionalistas europeos, Miguel Maduro, acuño la expresión «superávit democrático» que la UE produce en cada uno de sus Estados miembros. (more…)
Una larga marcha
José M. de Areilza
16 de diciembre, 2012
La Unión Europea cierra 2012 con un acuerdo para crear un supervisor bancario común de grandes entidades, que será el propio Banco Central Europeo. La última negociación del año ha dejado sin embargo la sensación en Bruselas de que estamos a medio camino en la larga marcha hacia el nuevo euro. Solo una agudización de la crisis económica en Francia, un país al que le cuesta mucho hacer reformas, podría acelerar los tiempos que para toda la eurozona marca el gobierno de Angela Merkel. Si su socio europeo aguanta, la canciller seguirá concentrada en el objetivo de ganar las elecciones generales después del verano de 2013 y no parará de exigir austeridad a los países más endeudados. Una vez cumplidos su propósito, se planteará dar el sí quiero a una unión económica y monetaria mejor diseñada, acompañada de una cierta unión fiscal, un banco central con menos orejeras y más brío y una mayor unión política. La inestabilidad política italiana no altera por ahora los cálculos de Merkel. La pugna entre Silvio Berlusconi y Mario Monti y la incertidumbre sobre un hipotético gobierno de centro-izquierda tras las elecciones de marzo son factores que sin duda preocupan en Berlín. Pero es posible que, una vez más, Lampedusa tenga razón y en Italia todo cambie para que al final no cambie casi nada, aunque Monti no debe menospreciar a un Berlusconi dispuesto a todo si el profesor quiere auparse a la presidencia de la República y desde allí seguir influyendo benéficamente en los destinos de su país. (more…)
Lo que está en juego
José M. de Areilza
22 de noviembre, 2012
El domingo los catalanes están llamados de nuevo a las urnas, pero en unas elecciones cuyo rumor de fondo murmura la independencia de la comunidad autónoma y su porvenir como Estado la Unión Europea. Esta operación nacionalista de secesión y permanencia en la UE tiene problemas fundamentales desde un punto de vista internacional y europeo. No existe un derecho de secesión de este territorio español conforme al Derecho Internacional Público, al formar parte Cataluña de una democracia avanzada en la que los derechos fundamentales están plenamente protegidos y gozar como nacionalidad de un alto grado de reconocimiento y de autonomía. El sujeto político que se autodeterminaría es otro problema político y jurídico esencial, porque la ruptura de la nación histórica española debería en todo caso ser una decisión del conjunto de los españoles, que no tiene tal apetito suicida. Desde un punto de vista comunitario, la Unión contiene en sus principios, valores y reglas básicas un verdadero régimen anti-secesión. El proyecto europeo está pensado para unir, hacer compatibles las identidades y reconocer en el plano ético al “Otro”, sin querer asimilarlo ni discriminarlo. Exige solidaridad y lealtad en los distintos niveles de toma de decisión y, por eso, no es genuinamente europeísta que una parte de un Estado miembro promueva su independencia frente la necesidad de resolver diferencias y de gestionar una interdependencia profunda en la que todos ganen, la clave de la integración según los “founding fathers”. Sobre todo, lo que los nacionalistas llaman “ampliación interna”, la suposición de que su territorio escindido se convertirá automáticamente en miembro de la UE, carece de fundamento alguno en los tratados europeos y en la práctica institucional. (more…)
Un euro para unir
José M. de Areilza
1 de octubre, 2012
La decisión del Banco Central Europeo de apoyar de forma ilimitada a la moneda común tal vez sea un punto de no retorno en su salvamento, pero el reto de rediseñar la arquitectura fallida del euro sigue siendo de proporciones gigantes. Además de consensuar los contenidos de la unión bancaria, fiscal y política, hay que alcanzar estos objetivos pronto y las exigentes reformas nacionales deben seguir su curso. Los jefes de gobierno europeos han cometido algunos errores serios en la gestión de la crisis, al no diagnosticarla desde el principio como crisis de la eurozona. Pero también han dado pasos muy importantes en su resolución y han actuado con más responsabilidad de lo que se les reconoce. La tentación populista de pensar que la culpa de todos los problemas la tienen los que mandan y que basta con sustituirlos y aplicar recetas simples y tajantes, es un error cuyas consecuencias hemos padecido en la historia europea reciente. Es cierto que en la década pasada el éxito del proceso de integración durante cincuenta años hizo que muchos políticos dieran por supuesta la Unión Europea. (more…)
Escisión y permanencia en la UE
José M. de Areilza
22 de septiembre, 2012
En el año 2000 escribí con Andrés Ortega un artículo en Claves de Razón Práctica sobre una hipótesis, la escisión de un territorio de un Estado miembro de la UE, en donde analizábamos las reglas aplicables. Se trata de un artículo que sigue aportando pistas hoy, por lo que reproduzco a continuación sus primeros párrafos, con un link al texto completo.
“El objeto de este estudio es examinar la hipótesis de que un territorio de un Estado miembro (como Escocia, Córcega, País Vasco o Cataluña), o incluso de varios Estados miembros, de la Unión Europea decidiera escindirse y permanecer, o ingresar, en la UE. Aunque tiene en cuenta distintas consideraciones políticas y económicas, trata de desarrollar las normas jurídicas que se aplicarían a este caso hipotético, para al que, sin embargo, no hay precedentes, sino pistas.
Nadie, que sepamos, ha esbozado hasta la fecha, con cierta profundidad, los elementos principales para un análisis teórico de tal hipotético caso. Distintos partidos nacionalistas que gobiernan regiones europeas pretenden ofrecer a los ciudadanos el mito de una nueva identidad colectiva, más nítida que la de los viejos Estados miembros, hoy convertidos en plurales y abiertas. Parte de ellos han expresado, más o menos retóricamente, su deseo de que sus regiones se escindan en un futuro del Estado miembro al que pertenecen y formen parte de la Unión Europea como nuevo Estado desde el momento de la separación, es decir, todo momento en la Unión. Lo cual no es evidente, y puede resultar engañoso. (more…)
Quién decide quién decide
José M. de Areilza
23 de enero, 2012
Mientras una grisácea economía centra la atención de los dirigentes europeos, entre las brumas del Támesis ha emergido la política con mayúscula. David Cameron ha echado un órdago con su petición de que se vote en los próximos dieciocho meses la pertenencia de Escocia al Reino Unido. Nada de «devolución máxima», es decir, un no rotundo a que los nacionalistas escoceses vayan decidiendo paso a paso las nuevas transferencias de poder desde Londres, creando una estructura territorial demasiado compleja e inestable. Con su propuesta de «ducha escocesa» a favor de la claridad existencial, siguiendo el precedente canadiense, el primer ministro intenta quitarle la iniciativa al nacionalista Alex Salmond. A su vez el hábil norteño pretende utilizar las consultas populares para fortalecer sus aspiraciones de mayor autogobierno, un tigre difícil de cabalgar. En pleno siglo XXI las demandas inspiradas en la pesadilla de comunidades étnicamente puras chocan con la experiencia de civilización y los ideales cosmopolitas de la mejor historia europea. El discurso al mismo tiempo pactista y atrevido de Salmond se aprovecha de que el pasado es impredecible y con excesiva frecuencia se fabrica desde el poder. El caso escocés tiene sus singularidades propias -gran parte de los símbolos y relatos que conforman su identidad más visible (clanes, «kilts», telas) fue una tradición inventada a lo largo de los siglos XVIII y XIX, en parte como negocio y en parte como diversión de románticos empedernidos. Por fortuna para los británicos, la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea fortalece su unidad, porque los principios, normas y prácticas institucionales de la integración europea conforman un verdadero régimen anti-secesión. (more…)