¿Reforma de los Tratados? Dos por el precio de una
Diego Gardoqui
10 de diciembre, 2011
Al final no será dentro de los actuales Tratados, por las objeciones británicas, pero los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE decidieron ir adelante con el proyecto de unión fiscal que complete la insuficiente unión monetaria. Pero por muy coherente que sea este enfoque, su recorrido puede ser muy corto si no cuenta con el apoyo de los ciudadanos, que en algunos países clave de la UE han mostrado un creciente desapego hacia la integración europea y un escaso apetito por nuevas transferencias de poder hacia Bruselas. El motivo es que estos ciudadanos, que saben que con su voto pueden cambiar a sus gobiernos si están descontentos con ellos, se sienten impotentes para influir políticamente en Bruselas, donde ese embrión de gobierno europeo que es la Comisión no tiene un mandato popular.
Para remediar este persistente déficit democrático se decidió en su día elegir un Parlamento Europeo por sufragio universal. Como tantas cosas en el proyecto europeo se trataba de un experimento y, por lo tanto, si aplicamos el método del ensayo y error, concluiremos que ha llegado la hora de reconocer que ha sido una prueba fallida. Se ha constatado en efecto que es una institución sin arraigo popular cuyas elecciones tienen unos índices de abstención que habrían encendido todas las alarmas si se produjeran a nivel nacional. Los ciudadanos no miran hacia el Parlamento Europeo porque no esperan nada de él, por muy meritoria que sea la labor que allí realizan los eurodiputados. Y en toda esta crisis del euro, el drama está en el Parlamento italiano o en el griego: el Parlamento itinerante de Bruselas a Estrasburgo ha sido perfectamente invisible.
Si el intento federalista de crear una democracia a escala europea no ha funcionado y corre además el peligro de arrastrar en su descrédito a las instituciones europeas en su conjunto, la solución solo podrá encontrarse en un fortalecimiento de las democracias nacionales en el marco de la Unión Europea. En este sentido, ahora se presenta una oportunidad de oro: mientras se formula el nuevo Tratado que consagra la unión fiscal, ¿por qué no aprovechar para negociar una reforma de los Tratados que inyecte una dosis de legitimidad democrática en el proceso de integración? Para ello existe una fórmula que no es la panacea pero tiene la ventaja de ser relativamente sencilla de aplicar: regresar a un Parlamento Europeo compuesto por miembros de los Parlamentos nacionales, reconociendo así que es en estos últimos donde se dice la última palabra en nuestra permanente conversación europea. De un golpe acercaríamos los Parlamentos nacionales a los centros de decisión en Bruselas, lograríamos contar con un buen número de diputados especializados en asuntos europeos y nos libraríamos del fastidio de las actuales campañas electorales para el Parlamento Europeo, cuya única función estriba en repetir los debates nacionales para un electorado con déficit de atención.
Joseph Weiler ha criticado con dureza ese mensaje de los mandarines europeos de “Es la hora de más Europa, no queda otra opción”, que tanto irrita a los ciudadanos. Esta reforma del Parlamento Europeo que aquí se propone podría servir para que los líderes demuestren a sus votantes que están a la escucha de sus legítimas preocupaciones y que estos nuevos avances en la integración no se harán a costa del necesario control democrático.
Un americano en París
José M. de Areilza
9 de diciembre, 2011
Si analizamos en estas horas críticas la gestión del poder alrededor del euro además de la centralidad de Alemania, queda también claro que Estados Unidos sigue siendo una gran potencia europea. Giscard D’Estaing así lo ha reconocido, muy molesto por las continuas visitas del secretario del Tesoro Timothy Geithner al viejo continente, nada menos que cuatro desde septiembre. El antiguo presidente francés ha calificado la frenética actividad en estos días del enviado del presidente Obama para apuntalar el euro como “inoportuna” e “insoportable”. El exabrupto revela ingratitud –nada peor que salvar a alguien para merecer su reproche permanente. Pero también trata de esconder que los europeos somos los responsables de haber hecho un diseño incompleto y frágil de la moneda única y de no haber mejorado luego esta arquitectura postmoderna y efímera con reformas europeas y nacionales. La Convención Europea, presidida por el mismo Valery Giscard D’Estaing, no tuvo a bien hacer propuestas significativas en este sentido. Una de las claves para solucionar la crisis es la profunda implicación de la Casa Blanca, movida en primer lugar por el interés de evitar un nuevo shock económico global. La interdependencia económica entre ambas orillas del Atlántico es mucho mayor que la de EEUU con cualquier otra región del mundo. Sin embargo, al dar prioridad a la crisis europea, nuestro principal aliado y garante de la seguridad europea asimismo reconoce que existe una comunidad política atlántica, cuyo refuerzo es fundamental para que la globalización sea un éxito. Sería mejor, por supuesto, que los europeos fuéramos capaces de solucionar nuestros problemas y que contribuyéramos a resolver los retos del mundo multipolar hacia el que nos encaminamos. (more…)
Cumbres de alto riesgo
José M. de Areilza
2 de diciembre, 2011
Angela Merkel pilota prepara una operación de salvamento de la eurozona que aleje a la moneda común del huracán financiero. Si llega a tiempo, el 9 de diciembre ofertará la supervisión reforzada europea de las cuentas nacionales, hasta bordear una unión fiscal integral, que incluye la exigencia de armonizaciones de estándares y de tributos. A cambio abriría las puertas del BCE a la solidaridad con cuentagotas, para refinanciar las montañas de deuda pública y devolver liquidez a los bancos.
España tiene mucho que perder si pierde las palancas para competir y atajar el endeudamiento público y privado con la necesaria rapidez. En un inoportuno interregno de gobierno y todavía sin capital político para negociar con la firmeza de la etapa de Aznar, nuestro país corre el riesgo de encallar en una posición subalterna. En el fondo, los pactos entre caballeros como el que propone Merkel son parches de urgencia, irremediables después de negar los problemas estructurales de la moneda única y de repartir culpas para aplazar una solución de conjunto.
Lo más apropiado sería fortalecer las reglas del nuevo poder de la UE vía reforma de los tratados, y definir bien los equilibrios de legitimidad europea y de democracia nacional. No hay tiempo, así que al menos es el momento de pedir que las nuevas obligaciones europeas permitan a los gobiernos nacionales sanear sus economías con estrategias propias y convencimiento real. También, que no sean tan solo los ciudadanos que pagan impuestos y pierden sus empleos los que paguen una crisis desencadenada en el sector financiero y el vacio de regulación inteligente. No hay que echar en saco roto que el discurso churchilliano de sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas se debe pronunciar en nombre de cada pueblo. (more…)
La banca como problema: motivos y soluciones
Stan Ford
15 de noviembre, 20011
La banca ha sido la principal causante de la recesión actual, es ahora uno de los obstáculos para salir de ella y parece probable que genere la próxima. Esta es la opinión, en todo el mundo, de la mayoría de los ciudadanos y también de la clase política.
Tienen razón los críticos? Pienso que sí: la banca es más costosa y aporta menos a la sociedad que nunca. Hay tres razones para ello:
-La apertura de los bancos a una serie de negocios distintos, que aportan beneficios para los bancos a costa de aumentar el riesgo global en el sistema financiero.
-El completo control de los bancos por sus ejecutivos, prácticamente sin influencia de sus dueños, los accionistas.
-La concentración de poder y dinero en los grandes bancos, lo que dificulta poner límites a estas actividades.
Vamos a ver cada una.
A) Acumulación de negocios distintos.
La llamada banca global hace fundamentalmente cinco cosas:
-Tomar depósitos y prestar dinero, gana con el diferencial entre el coste de los depósitos y la renta de los créditos, y debe tener recursos propios suficientes para cubrir posibles fallidos.
-Manejar el dinero de terceros: gestión de fondos, banca privada.
-Manejar su propio dinero, tomando posiciones de riesgo propias.
-Crear productos financieros y colocarlos en el mercado, e intermediar productos financieros de terceros. Desde productos para financiación propia – acciones, bonos, bonos convertibles – hasta hipotecas titulizadas, cobertura de riesgos (CDS, credit default swaps), productos artificiales (como CDOs. Collateralized debt obligations) y demás parafernalia. El abuso de esta actividad fué la principal causa de la crisis bancaria.
-Ayudar a las empresas a obtener dinero de terceros – colocación de bonos y ampliaciones de capital, salidas a bolsa- y asesorar y ayudar a empresas para takeovers, desinversiones y un largo etcétera. (more…)
El fin de los años fáciles
José M. de Areilza
6 de noviembre, 2011
El fuego de artificio del referéndum griego ha dañado la resolución de la crisis del euro. Con su improvisada y extemporánea invocación a la democracia directa, Papandreu ha sembrado más desconfianza sobre las medidas que tanto había costado acordar en la cumbre europea del 26 de octubre y que todavía hay que desarrollar y aplicar. Puede que en las próximas horas dimita y se vaya a su casa y un gobierno de técnicos aguante unos meses y convoque después elecciones anticipadas. Pero este primer ministro acorralado por una economía fuera de control, furiosas protestas, huelgas, ruido de sables y defecciones de miembros de su partido, ha abierto una nueva va de agua en el barco europeo.
La situación de emergencia del euro requiere medidas de gran calado diseñadas por expertos con una visión de conjunto de los problemas. Es el momento de contar con las mejores cabezas, los cirujanos más experimentados, para dar con soluciones acertadas y ejecutarlas con celeridad para que no se queden en papel mojado ante las reacciones instantáneas de los mercados. Estados Unidos lo hizo cuando tuvo que salvar en pocas horas su sistema financiero y convocó a gurús de uno y otro lado. En contraste, véase la superficialidad, la lentitud y a veces la arrogancia con la que los líderes europeos y sus equipos están abordando la crisis de la moneda única, con un sistema de gobierno basado en consejos europeos poco eficaces. Es increíble, por ejemplo, que se reconozca ahora sin más que la decisión de la cumbre europea del 21 de julio sobre la quita encubierta de deuda griega fue un error porque se basaba en datos y estimaciones equivocadas. Pero aún más criticable es no entender quién tiene la responsabilidad de gobernar y cuándo debe votar el pueblo y sobre qué cosas y enaltecer la democracia directa sobre la representativa, que sin duda es la que mejor resultados de civilización ha dado. Si Alemania se pronunciase en referéndum sobre los rescates posiblemente no se autorizarían. Si el conjunto de los europeos fuera consultado sobre las medidas de austeridad, la respuesta más probable sería «no, gracias». Los referendos sobre cuestiones europeas en los últimos años han servido para pronunciarse más bien sobre asuntos domésticos. (more…)
Europa, ¿nueva Atlántida?
Fidel Sendagorta
9 de octubre, 2011
La salida de uno o más países de la unión monetaria o la reconstitución de una zona euro restringida a unos pocos estados en torno a Alemania eran hipótesis extravagantes hace apenas un año y en cambio son ahora escenarios que los mejores analistas financieros sopesan a diario. Pensar lo imposible se ha convertido en una norma de elemental prudencia. Y es que no estamos, como en Estados Unidos, ante una grave crisis de deuda conjugada con la amenaza de una nueva recesión, sino que en Europa se añade además el cuestionamiento de la moneda única y, en definitiva, del propio proceso de integración que hizo del euro su buque insignia.
En estos momentos de tribulación se empiezan a alzar voces en los países de mayor solvencia financiera en contra de los rescates a los estados de la periferia tachados de manirrotos, y a favor de un egoísmo sagrado que suena a sálvese quien pueda. Los cálculos nacionales empiezan a expresarse cada vez con mayor crudeza y los argumentos en defensa del interés general europeo encuentran un eco nulo en ciertos sectores del electorado que empiezan a votar sin remilgos por opciones abiertamente antieuropeas. Pero no se trata solo de unas minorías seducidas por un discurso demagógico. Lo más inquietante de la actual crisis financiera es que coincide con el problema político de la creciente desafección social hacia la Unión Europea en muchos de sus Estados miembros, lo que dificulta enormemente la aplicación de medidas que pasen por una mayor integración. Este desapego hacia el proyecto europeo viene arrastrado de la década anterior y sería largo extenderse sobre sus causas. Baste señalar que muchos ciudadanos temen que la transferencia de competencias a Bruselas vacíe de contenido a los estados nacionales, únicos marcos creíbles de la democracia política y de la cohesión social, aunque no sea más que por razones de proximidad y lengua. Estas inquietudes son legítimas y lo cierto es que las élites europeas no han sabido tranquilizar a los ciudadanos sobre una Unión Europea que debiera reforzar a las democracias nacionales y no competir con ellas. (more…)